sábado, 8 de diciembre de 2018

Escombros de la memoria




A los escombros de la memoria regresamos 

con la esperanza de encontrar supervivientes. 

Al llegar nos detuvimos, 

contuvimos un instante

la respiración, 

con los ojos bien abiertos. 

Y ya no hubo modo de saber 

quiénes estábamos vivos 

y quiénes éramos los muertos.



viernes, 30 de noviembre de 2018

Atención plena



   Si te sientas y te paras a escuchar, oirás algo muy parecido al zumbido que envuelve la charca a mediodía: es el revoloteo confuso de los turistas, los guías de los turistas, los turistas japoneses (tienen derecho a grupo propio), los jubilados, solos o en bandas organizadas, los vendedores de fortuna, los interceptores de las oenegés, los que miran escaparates, los músicos de calle, los que van o vienen del dentista, los ociosos sin más, los que penden de un móvil, los que salen a hacer la compra diaria, los que caminan, corren, patinan, los que toman café en las terrazas, el cartero, los carteristas, los que han quedado con alguien, los que acuden, los que se han quedado solos, los repartidores amazónicos, los que pasean al perro, los perros, los que deberían estar en clase, algún fotógrafo y otros insectos de las especies más insospechadas. Si sigues escuchando durante el tiempo suficiente (sin tasa) convertirás ese zumbido informe en una sustancia palpable y como si estuvieras ante una mesa de mezclas, cada uno de sus ingredientes comenzará a adquirir una identidad separada que podrás silenciar o amplificar a tu antojo. Solo entonces tendrás a tu disposición a los habitantes de la charca, tan suculentos y apetitosos como la fruta madura.


jueves, 22 de noviembre de 2018

Yedra


   
  … ¿y aún me dices que no te escucho cuando hablas? Sabes que podría pasar horas oyendo el impetuoso torrente de tus palabras, que de hecho no hago otra cosa, prendado como estoy de tu verbo ágil, seguro, imperecedero. Y que hago cuanto puedo por desentrañar el significado que sin duda se oculta bajo el continuo de tu conversación, ese idioma tan tuyo como el color irrepetible de tus ojos. Porque más que lo que cuentas importa el sonido de tu voz impregnando el aire y colmando hasta el último resquicio donde pudiera habitar mi pensamiento. Y así como otros leen entre líneas, yo escucho entre frases buscando la emoción que las anima: eres la diva que interpreta un aria que no cesa y hace tiempo que decidí prescindir del libreto y hasta de subtítulos. Aun así, creo que he aprendido en estos años a darte, casi siempre, la réplica adecuada, el pie oportuno pero discreto que a ti no te haga olvidar por dónde ibas y a mí me permita seguir hundido en los vericuetos de tus subordinadas infinitas, descubriendo la raíz y el sentido de esta trama y este enredo con el que tratamos de llenar nuestro vacío. Así que, fíjate si eres injusta cuando me reprochas mi falta de atención por la única razón de que no sé lo que me dices. Tampoco tú sabes, ni falta que te hace, descifrar la variedad de mi silencio, este arrobado silencio mío desde el que procuro no perder el hilo de tu laberinto.


miércoles, 14 de noviembre de 2018

Un paso por detrás



   El fotógrafo sabe, no es nada nuevo, que para atrapar el instante es preciso anticiparlo. Cálculo, apuesta, intuición, son los instrumentos con los que intenta manejar una sustancia tan volátil. Esto convierte al fotógrafo en una especie de adivino de cortos vuelos, un profeta de lo inmediato. Podría pensarse que al reducirse el margen temporal se reduce también el margen de error, pero nada más falso. Solo la experiencia, que viene a ser poco más que el resultado de nuestras estadísticas privadas, le permiten afinar un tanto en las predicciones, igual que les ocurre, dicho sea de paso, a los adivinos de mayor alcance. 

  Sin embargo, no se trata tanto de adelantarse a los acontecimientos como de tener una perspectiva lo suficientemente amplia que permita multiplicar el número de opciones para tener así alguna posibilidad de éxito. Por eso al fotógrafo -a este fotógrafo- le gusta ir siempre un paso por detrás, para darle espacio al tiempo, hacerle sitio. Practica así el arte de la mínima desincronización: es impuntual pero con estudiada exactitud. Acostumbra a dejar que otros tomen la primera foto y, como el viejo jugador de bolsa o el buen bebedor, procura hacer siempre la penúltima. Es así como ha aprendido que la luz más pura y los colores más intensos y las sombras más sólidas acontecen justo antes de perder toda esperanza.


martes, 6 de noviembre de 2018

Desorden en los parques



   De tu mano examino el minucioso desorden que el otoño difunde por los parques y caminamos en silencio por las calles cubiertas de miles de pasquines amarillos donde los árboles proclaman la última y más revolucionaria de sus consignas: contra el frío el íntimo valor de desnudarse. 


martes, 30 de octubre de 2018

Esperando al mamut



   Un mamut es igual que un elefante pero con pelo para que no se le congelen las orejas porque donde él vive hace mucho frío y por eso se llama la edad del hielo. Hoy también hace frío y tengo helados los dedos de los pies, pero no he visto ningún mamut por aquí. A lo mejor es que no hace bastante frío todavía. 

    Una señora dice que hay un mamut pintado en las paredes de la cueva pero que hoy no se puede ver porque es lunes. Yo creo que no se puede ver porque hay una reja en la entrada. Si no la hubiera podríamos entrar y verlo, aunque fuera lunes o cualquier otro día de la semana. 

   Una vez pinté una jirafa en la pared de mi habitación. Mi madre me dijo que aquello eran dos rayas nada más. Le expliqué que la jirafa tenía un cuello tan largo tan largo que la cabeza estaba en el piso de arriba. Pero no me creyó y tuve que borrar la jirafa con una goma que se deshacía, así que tuve que gastar muchas gomas. A lo mejor por eso hay una reja delante de la cueva, para que las madres no borren el mamut. 

   Esta mañana hemos estado en la playa y hacía sol. Estábamos tan ocupados jugando en la arena y saltando las olas que no hemos visto llegar las nubes. Mi padre dice que estaban detrás de las montañas, esperando su hora. Yo creo que las montañas no las dejaban pasar hasta que fueron tantas que ya no pudieron sujetarlas. Ahora todo está cubierto de nubes y son las montañas las que tienen que esperar para volver. 

   Cuando veníamos hacia la cueva he visto unos mechones de pelo muy largo muy largo colgando de las ramas de un árbol. Yo creo que al mamut no le importa que sea lunes o haya rejas y a lo mejor para verlo no tengo que esperar a que las orejas y los pies se me congelen del todo.


lunes, 22 de octubre de 2018

La máquina del tiempo



   Abro con gran esfuerzo la escotilla y un polvo anaranjado y ocre impregna mis dedos. Estornudo. No puedo creerlo: como un polen inverso el óxido cubre cada tornillo, cada remache de mi querido trasto. Algo ha salido mal. Temiendo lo peor llevo la mano a mi rostro y encuentro una barba densa y enraizada como la yedra. Cuántos meses, cuántos años han pasado por cada segundo que marcaba el reloj de a bordo. Un error de cálculo. Nunca debí haber redondeado antes del trigésimo segundo decimal. Nunca debí alargar el verano más allá de principios de septiembre. El tiempo ha viajado a través de mi y ahora estoy solo. Nadie me espera ya en el lugar de donde vengo. Pero tal vez hayan salido en mi busca. Tal vez alguien haya encontrado un atajo y aguarda mi llegada en algún rincón oculto de esta selva infinita. Tal vez haya descubierto cómo se detiene la máquina del tiempo.

jueves, 21 de junio de 2018

Salón de trofeos




   Cuando estoy triste tomo asiento y contemplo mis trofeos. Mus, fotografía, bádminton, novela corta, mejor proyecto filantrópico, parchís… Disfruto recordando la manera en que gané cada uno de ellos. Pintura rápida, fútbol-sala, ensayo, empresario del año, tres en raya… Y no sé si estoy más orgulloso de aquellos que fueron el fruto de duros años de entrenamiento o de los que gané gracias a la pura coincidencia del azar. O de aquellos otros en los que una oportuna amistad o un favor pendiente entre los miembros del jurado hizo inclinarse la balanza de mi parte. Tal vez son estos últimos los que me producen una emoción más intensa porque en ellos veo la recompensa de algo mucho más valioso que un talento inmerecido por innato, una habilidad más o menos fútil o una tenacidad cercana a la tozudez. En esos votos que se juegan su propio honor por concedérselo a mi persona hay más valor que en todos los logros basados en una competencia sin sentido. Son premios al comercio sutil de las promesas, al saber con quién y cuándo, al quid pro quo que sostiene la sociedad entera, que la cimienta más allá de bases y reglamentos. Mi mayor satisfacción es haber sido capaz de ir devolviendo una a una todas esas deferencias en cuanto he tenido la oportunidad. Por eso cuando estoy triste me siento y contemplo mis trofeos. Baile moderno, interpretación, damas chinas.


miércoles, 6 de junio de 2018

La chica de los números



   Hay fotografías que se imponen desde el mismo momento en que son tomadas, o incluso antes. Otras en cambio aguardan pacientemente a ser llamadas desde el banquillo de los eternos suplentes. Es el caso de esta imagen de hace casi cinco años a la que he regresado a través de la interminable sucesión de las escalas de la luz y de la sombra, del recuerdo y del olvido. Hoy la chica de los números vuelve a cruzar la calle y mi espera al fin tiene su recompensa.


sábado, 26 de mayo de 2018

Escalas de sol



   
Caminan sobre el teclado 

tus dedos 

de niña aburrida en medio de la tarde, 

suben y bajan escalas 

de sombra y sol

en rutinarias formas aprendidas. 

Yo espero atento, paciente 

el error, 

no para reprenderte, 

no para corregirte, 

sino por encontrar la pauta 

y el pie 

de una nueva melodía.


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