lunes, 15 de diciembre de 2014

Contando burbujas




El aire atrapado en la burbuja atrapada en el hielo atrapado en el frío atrapado en el bosque atrapado en el invierno atrapado en el tiempo atrapado en la foto atrapada en la pantalla atrapada en tus ojos que atraviesan el hielo que rompe la burbuja que libera el aire en el que yo, por fin, respiro.

viernes, 28 de noviembre de 2014

viernes, 21 de noviembre de 2014

Prohibido caminar

                                                                                                                                                Gíjón, Asturias


Prohibido caminar. Fue duro al principio, abandonar de pronto tantos millones de años de costumbre. Aunque también es cierto que ya entonces muchos habían superado por completo la necesidad de desplazarse. En cualquier caso las alternativas no se hicieron esperar y enseguida aparecieron artilugios de toda clase, desde ingeniosos juegos de sogas y poleas para el interior de las viviendas hasta las infinitas cintas transportadoras que envolvían como enredaderas la ciudad. De algún modo tenían razón las autoridades: sin los pies en el suelo insospechadas dimensiones del espacio se abrían a nuestra imaginación. Después, siguiendo una cadena lógica impecable, fueron llegando todas las otras prohibiciones, y aunque sé bien que no debería estar escribiendo esto y que te comprometo seriamente al dártelo a leer, quiero que comprendas que del mismo modo que existe una memoria tozuda de los pies, también a veces pienso sin querer y disfruto volviendo a ser culpable de mis actos.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Ajustando la dosis



Fotografiar es el arte de dosificar la realidad.

Y dosificar es atribuir sentido, otorgar valor.

Pero en una época como la actual en la que la fotografía se entrega a la vertiginosa tarea de duplicar el mundo, la habilidad para ajustar la dosis no solo es premisa del arte sino además una verdadera necesidad terapéutica.


viernes, 7 de noviembre de 2014

Área reservada

                                                                                                                                                                                         Aviñón, Francia

Vienen hasta aquí desde barrios separados, desde edades distantes, ocupan su lugar en torno y se juran equilibrio. Son acólitos anónimos de la cofradía del silencio que vienen a callarse sus pequeñas adicciones como esta de ausentarse a esta hora de nadie en medio de la tarde, mientras llega esa otra hora tan parecida y tan distinta de subirse al autobús, de volver a clase o de buscar otro banco en otra plaza. Son aristas de un diamante en el que han cristalizado los azares forzados, las cobardes rebeldías de todos los siglos necesarios para poder estar juntos, frente a frente, sin que haya afrenta ni amenaza, sin tener que ladrar para espantar el miedo, sin ni siquiera tener que llevar un perro que ladre por ti, que porte tu animalidad, qué triunfo de la urbanidad. Pero la soledad no existe ni el instante, todo es un truco porque al fin y al cabo en algo tenemos que creer para ser alguien. 


viernes, 31 de octubre de 2014

Paisaje con bañera


                                                                                                                                                                                                             Sobrescobio, Asturias                                                                                                                                    

Viene a ser un instinto parecido al del bañista: buscar ese punto donde lo abrupto de la costa cede a su deseo y sumirse en el mar, sumarse. 

Así también el caminante encuentra a veces la manera de colarse en el paisaje, de beber en él hasta vaciarse.


sábado, 25 de octubre de 2014

Los fantasmas de Aviñón

                                                                                                                   Palacio de los Papas de Aviñón - Exposición de Stefan Szczesny


El Palacio de las Papas de Aviñón es un gran recipiente vacío que la imaginación intenta rellenar sin conseguirlo. Casi desde el amanecer los turistas fluyen por sus huecas estancias tratando de encontrar algo sólido a lo que agarrarse, del mismo modo que fluye la información de los paneles y audioguías a través de sus cabezas. Pero por mucho que se esfuercen solo entenderán del pasado aquello que tiene de presente.

No tardan, eso sí, en reconocerse unos a otros, en adquirir esa transitoria vecindad de los visitantes de museos. Y a medida que el cansancio les hace perder la cabeza y encontrarse el cuerpo, el Palacio vuelve a ser un lugar habitado donde la gente habla de sus cosas, siente hambre, juega, pierde el tiempo.

Al final, la consabida tienda de recuerdos trata de aprovechar la guardia baja y todos se apresuran a adquirir esos falsos presentes del pasado, salvoconductos que devolverán su condición a los turistas y les harán olvidar que por unas horas fueron ellos los auténticos fantasmas del castillo.

domingo, 19 de octubre de 2014

Trayectorias

                                                                                                                                                                          Aix-en-Provence, Francia

Llego tarde a Aix-en-Provence, a esa hora en que las sombras pintan de azul la ciudad vieja, esa hora no fijada en la que con exactitud ferroviaria se vacían las calles y se llenan las plazas. Llego tarde, sin duda, con las tiendas cerradas y las visitas pospuestas para un día en el que ya no estaré aquí. Y sin embargo, algo me dice que este es el retraso exacto, la impuntualidad que me libera de todo lo proyectado y me revela la cara más libre de la ciudad, el plano donde todas las trayectorias se toman de la mano. Llego tarde a Aix-en Provence y le hago la promesa de regresar más puntual, de dedicarle toda la atención que se merece, de que volveré para quedarme. Nos tomamos las cervezas en una plaza donde todo el mundo es joven y hermoso y en esta hora incierta nos creemos felices todas las mentiras.

viernes, 10 de octubre de 2014

El tiempo portátil


                                                                                                                                                                                          Marsella

¿Te imaginas un tiempo portátil, un tiempo que pudieras derrochar o atesorar a discreción? Sería un artefacto extraño sin duda, una especie de clepsidra con torniquete. Y necesitarías todo el tiempo del mundo para aprender a manejarlo adecuadamente.


viernes, 3 de octubre de 2014

Encuentros en Arlés








                                                                                                 Arlés, Francia

Cada verano desde hace 45 años se celebra en una pequeña ciudad del sur de Francia uno de los festivales de fotografía más importantes del mundo: los "Encuentros de Arlés”. Uno supone que una actividad tan duradera y persistente habrá tenido que dejar por fuerza algún tipo de marca en la ciudad, una especie de buen rollo fotográfico que ha de respirarse en sus calles, en sus escaparates, en la forma de mirar y dejarse mirar de sus habitantes, en su manera de sentarse, de sonreír… Nada más llegar te encuentras con que prácticamente todas las exposiciones son de pago, y esto supone ya, para qué negarlo, un cierto desencuentro.
No decae sin embargo tu ánimo por ese ínfimo detalle y buscas entonces las huellas de Van Gogh, quien pasó en Arlés una etapa breve pero intensa de su no menos breve e intensa vida. Puede ser que de tanto buscar tales huellas y de tanto caminar sobre ellas hayan terminado por borrarse. O puede ser también que para dar con Van Gogh sea indispensable desligarse de toda huella.
El caso es que entre desencuentro y desencuentro has ido tejiendo toda una ruta de olvidos y sin pretenderlo has vuelto a doblar una misma esquina varias veces, hasta llegar al punto en que ya reconoces una calleja y un rostro como lugares familiares: es el momento del reencuentro, y justo ahí se vuelve posible la fotografía.

viernes, 26 de septiembre de 2014

La niebla rosada

                                                                                                           Étang des Launes - La Camarga, Francia


       Y seguro que también conoces esa curiosa cualidad de la niebla, capaz de decantar el ruido, separar los sonidos y amplificarlos sin mezcla: la nitidez de un aleteo, de una zambullida…el latido de un corazón que puede ser el tuyo, pero no tu respiración, contenida, como lo estuvo el aliento de las lagunas que solo ahora, producto de las horas fermentadas, se alza para darle lienzo a la caligrafía del flamenco. Quisieras apagar la cámara, lo piensas, sí, para poder sentarte en la orilla y adoptar esa pulcra actitud oriental que se avenga con el resto de la composición. Pero no puedes dejar de disparar, una y otra vez, porque esa es precisamente la condena que te ha traído hasta aquí. Asique sigues reuniendo pruebas, tomándolas con pinzas de entre el limo, por si acaso todo esto fuera un prodigio y no la consecuencia natural de la marisma. Y esperas la picadura del mosquito, el pellizco que no llega, como quien espera el indulto que te saque de este estanque y te devuelva a la prosa confusa de las calles. También la belleza es una cárcel.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Aproximación a La Camarga

                                                                                                                                                                                   La Camarga - Francia

       Supongo que a ti también te habrá ocurrido alguna vez. Hay ciertos lugares que parecen llamarte al pronunciarlos. Por ejemplo, La Camarga: repite y escucha sus sílabas, ¿no crees que en ellas se encripta tu nombre? La Camarga. Puede ser que entonces proyectes un viaje atestado de destinos o que aceptes participar en un tour agotador o que dirijas tus pasos a una ciudad no tan alejada de allí como para no poder pasar al menos unas pocas horas en La Camarga. Te embarcas así en esa aventura que no es la del descubrimiento sino la de afrontar el mayor de todos los riesgos, el de la decepción. Has leído que La Camarga está poblada de seres mitológicos: toros, flamencos, caballos, gitanos, cúspides de sal… Por eso te adentras en La Camarga rodeándola y con los motores apagados, un domingo a la caída de la tarde cuando la multitud sale de allí y la deja exhausta, a tu merced. El rostro del verano va adquiriendo a esas alturas una cierta lividez, una dulce atmósfera de rayos X que deja ver el interior de los paisajes. En tales circunstancias no es necesario ni conveniente abandonar el coche, basta con bajar la ventanilla y permanecer ajeno para escuchar las blancas sílabas que construyen tu nombre.

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