miércoles, 23 de abril de 2014

Elevar al cuadrado

                                                                                                                                                                                              Gijón, Asturias

Por algo se empieza, dijimos entonces. Si es que todo es empezar, como el rascarse. Y precisamente porque todo es reflejo y eco y yuxtaposición y el original es el resultado de la suma de sus copias, el fotógrafo continúa su exhaustiva labor de fragmentación, hasta el desmenuzamiento.

sábado, 15 de marzo de 2014

viernes, 7 de marzo de 2014

Página en blanco (II)

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Centro Niemeyer, Avilés - Asturias

Pero el caso es que, al margen de las programaciones oficiales, son el uso y la costumbre quienes van esculpiendo a su modo las geometrías del vacío: así este espacio se ha ido haciendo poco a poco anchura para patinadoras, longitud para bicicletas, periferia que buscan las parejas recientes y descampado para que los perros campen y retomen su lado salvaje sin calles ni correas. Además las estaciones modulan y alteran sus medidas, su geografía misma: en invierno tiene algo de estepa ártica y si una figura aparece por cualquiera de sus extremos nos invaden a partes iguales el temor y la curiosidad del que ha permanecido mucho tiempo solo. Es también en el invierno cuando, después de extraer el rumor del tráfico cercano, se obtiene un silencio sin aristas, sin ecos, ahuyentados como gaviotas a las que repele tanta blancura delatora. En verano en cambio todo lo que cae en esta planicie de sal se vuelve efervescencia y acaban por fundirse en uno solo todos los colores de las camisetas.
Solo algo permanece igual, siempre: tanto en invierno como un verano hay alguien que deambula con una cámara en la mano. Es el fotógrafo arrebatado por una mirada que fluctúa sin cesar, que va del fondo a la forma y de la forma al fondo: cuando ve este escenario como fondo surge la forma, y cuando encuentra la forma ésta se vuelve fondo. Cae así una vez más en la trampa de la arquitectura que lo fagocita y lo utiliza para multiplicarse y reproducirse y durar más allá de sí misma. Y de paso interpreta su papel en esta obra cuyo guión ya nadie recuerda con exactitud, tal vez porque siempre fue una página en blanco.

lunes, 3 de marzo de 2014

Página en blanco (I)

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 Centro Niemeyer, Avilés - Asturias


Como una página en blanco a la espera de la primera palabra que dicten nuestros pasos se extiende la tersa llanura del Centro Niemeyer de Avilés y sobre ella se levantan sus dunas calcáreas. Provienen del tiempo ya legendario de los fastos, de aquellas megalíticas construcciones que se alzaban como polos magnéticos en todas las ciudades con la única función de alzarse, de sobresalir y brillar para pasmo de propios y extraños. Era costumbre atribuir a estos monumentos el sobrenombre de museo, centro cultural o auditorio, igual que en otras épocas se hacían pasar por altares y mausoleos, pero a decir verdad esto nunca fue tomado demasiado en serio. Del mismo modo que nunca nadie supo dar razón del destino de este espacio porque tal vez hacerse espacio era su único destino. De ahí que le cuadre tan bien ese aspecto de lienzo virgen listo para imprimir sobre él todos nuestros sueños sin forma, esos anhelos que se quedaron en esbozo, en líneas maestras. Aunque también puede ser vista como una prótesis de escayola para la ciudad tullida por las sucesivas reconversiones. Es lo que tiene la ambigüedad arquitectónica. Lo cierto es que, a lo mejor porque no fue diseñado pensando en el lugar donde sería levantado, este conjunto parece más bien caído directamente desde el mundo superior de las ideas, campamento avanzado de una civilización más higiénica y pura que esta nuestra, heredera directa de la edad del hierro, dueña del óxido...(continuará)

sábado, 22 de febrero de 2014

El tiempo maleable



Tú lo conoces: es ese tiempo que parece llegar antes de tiempo y que suele terminar más tarde la cuenta. Nace delante de un espejo que pone caras, que nos hace muecas, que ensaya los rostros posibles, incluida nuestra caricatura, que indaga acerca del gesto que un día nos hará reconocibles. Un tiempo inquietante que crece de forma desigual: un día se alargan las piernas o los dedos de los pies, otro el cuello, otro se hincha la nariz, y hay que aprender otra vez a coordinar las extremidades y el volumen de la voz y la dimensión nueva del silencio. Pero es también el tiempo que empieza a bifurcarse, y en cada bifurcación se pierde un hilo de ti, y te adelgazas. Y es un tiempo que de pronto gira más deprisa, como un torno en el que tú eres el alfarero y la materia prima. Y todo se vuelve tan muelle, tan inconsistente que lo primero que buscas es un esqueleto con el cubrirte, un andamio para no caerte, un armazón con el que armarte de valor: la cáscara que un día abandonarás para continuar en otro tiempo, en otro lugar, la incesante metamorfosis.


viernes, 14 de febrero de 2014

Un abrazo



El abrazo del pulpo,
el del ahogado,
el de la yedra,
el abrazo del oso,
el de la camisa de fuerza,
el del masajista turco,
el abrazo del fuego,
el del Padrino,
el de la ola,
el del amigo,
el del maestro,
el abrazo del traidor,
el de la niebla,
el del amante,
el autoabrazo,
el abrazo del boxeador,
el de la multitud,
el del candidato,
el abrazo del barro,
el de Morfeo,
el del arnés,
el de Tarzán,
el de la boa,
el abrazo del pésame,
el del borracho,
el abrazo del baile,
el de la despedida,
el del niño,
el del padre,
el del regreso,
el de la tierra,
el del aire,
sobre el cuerpo desnudo,
el abrazo del aire.

viernes, 7 de febrero de 2014

viernes, 31 de enero de 2014

Oleaje



Para contemplar el oleaje a veces prefiero la segunda fila. Y en lugar de la versión original me acomodo a la libre traducción de tu doblaje.  

viernes, 24 de enero de 2014

Zona de embarque

                                                                                                                           El Castillo, Soto del Barco - Asturias


A costa de años de esfuerzo, a fuerza de años de constancia, el fotógrafo logró uno de sus sueños: formar parte del paisaje, integrarse en él como uno más de sus elementos hasta prácticamente pasar desapercibido. Solo así pudo embarcarse sin que nadie le hiciera preguntas y fotografiar lo que nunca antes había sido fotografiado. También es cierto que no hubo entonces nadie para despedirle ni después quien le echara de menos. Así que sus fotografías se fueron con él y de él lo único que pudo saberse es que falleció de muerte instantánea.

viernes, 17 de enero de 2014

La línea del tiempo



El tiempo de la piedra,

el tiempo del árbol,

el tiempo del pájaro,

y la mirada del hombre

tensando el espinazo

volador de la cometa,

hilo que ata al pájaro,

para que el pájaro vuelva.

Mas cuanto más tira él

más alto el otro vuela.


viernes, 10 de enero de 2014

El placer de comprar (o no)

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     Mercado dominical de Grao, Asturias


Recuperar el placer de comprar asistido por el espíritu del trueque, ese intercambio basado en la confianza que da saber que en el trato ya se incluye una parte recíproca de engaño. El placer de responder a los ofrecimientos, que no ofertas, de todas esas viejas novedades que a veces parecen salidas de un naufragio, tan familiares. El placer también de no comprar y sin embargo nunca irse de vacío.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Proporciones



-  A ver, Xuan, ¿qué vas llevar hoy?

- Pues lo de siempre por estas fechas, ya sabes, medio quilo de ilusión y otro medio de escepticismo.

-  Ahí, ahí, Xuan, no hay que perder les buenes costumbres, ¿póngotelo por separao?

-  No, mejor todo junto y bien mezcladín que lo quiero pa engordar el caldo del pote, ya sabes, con les fabes, les berzes, les patatines y un chorizu caseru. ¿A cómo me los dejas hoy?

-  Pues verás, por ser les feches que son la ilusión no te la voy cobrar. Pero el escepticismo voy ponételo al preciu del azafrán, pa que lo tengas en lo que val y pa que lo vayas echando de a poco en poco, que dé sabor al caldu pero que no lo domine del todo, tú ya me entiendes.

-   Entendido, maestro, pero entonces mejor no me lo mezcle, que a ver luego como discrimino.

-   Esu ta fechu, Xuan, aquí tienes: en dos bolsuques diferentes pa que no te confundas y acabes estropeando el guiso.

-   Gracias, jefe. Pues nada, hasta el año que viene entonces.

-   Hasta el añu que vien, Xuan, ¿quies que te guarde algo?

-   Pues de lo bueno lo de siempre y de lo demás ya iremos viendo.

-   Adios, Xuan.

-   Adios, maestro.




Feliz año y felices proporciones, compañeros.