miércoles, 22 de febrero de 2017

Una forma de silencio



    Tal vez ya es hora de estarse callado un rato, pensó, y ni esto siquiera llegó a decir.


miércoles, 15 de febrero de 2017

Traspiés



    Y mira que te dije: fíjate dónde pisas que no tengo los juanetes para bailes. Y tú: déjate llevar y todo irá como la seda. Siempre te creíste un poco Fred Astaire y me prometiste ir a ver "La ciudad de las estrellas". Ahora las he visto todas juntas, así que, por favor, no me vengas con más músicas.


martes, 7 de febrero de 2017

Romper el hielo




    El aliento moldea el vidrio creando el espacio de dentro a fuera con su soplo. Las manos moldean el barro creando el espacio de fuera a dentro con su caricia. Pero ¿desde dónde empieza a fraguarse el hielo, qué aliento, qué manos lo avivan? ¿Y en qué momento deja de fluir su espacio y se escenifica? 

    El fotógrafo dispara quieto y académico, con los brazos pegados al cuerpo, no por buscar la nitidez sino por miedo a romper algo y que una vida de trabajo no alcance para pagar los desperfectos. Y mientras dispara empieza a sentir el frío sobre sí como un envoltorio silencioso, ese frío que tiene la calidad de la seda.


martes, 31 de enero de 2017

Sala intermedia



-Esto es una locura. Mira cómo me tiemblan las piernas.
-Pues ya no tiene vuelta atrás.
-En mala hora me dejé convencer.
-No me vengas ahora con esas, llevamos meses planeándolo.
-Meses no, años.
-Pues más a mi favor.
-Pero ¿no te das cuenta? Jamás saldremos de aquí sin que nos descubran.
-No sé por qué dices eso. Somos dos más entre miles.
-Los de seguridad nos van a parar, nos harán preguntas, ya verás.
-Esos menos que nadie.
-Es una locura. Antes de diez minutos ya habrán notado la falta, seguro.
-Qué van a notar, de sobra sabes que nadie se fija en los cuadros de esta sala.
-Pero algún erudito, o incluso algún turista despistado podría…
-Podría qué, ¿descubrir entre toda esa maraña de deidades y oropeles que hay dos figuras menos?
-Pues si.
-Ay, qué más quisieras. Somos personajes secundarios de un pintor menor, olvidables, prescindibles, y este es precisamente nuestro único poder, nuestro privilegio.
-Tienes razón. No perdamos más tiempo.
-¿Nos vamos?
-Nos vamos.


miércoles, 25 de enero de 2017

Confluencias



    Sin aspavientos fueron llegando las nubes: una a una se acomodaron civilizadamente sobre la cordillera, engarzándose en las agujas de sus cimas como recortables de cartulina hasta que, fruto de algún complejo equilibrio de fuerzas, alcanzaron una disposición compacta. Mucho antes las montañas tuvieron que hacer lo propio: romper la corteza y acodarse unas entre las otras de tal modo que su impulso terminó por ser contrarrestado mutuamente. También las múltiples corrientes que se abren paso en las entrañas del monte confluyen y afloran hasta reconocerse en el espejo velado de la charca. Incluso estas palabras acuden buscando un orden, queriendo ser una música callada y clara como una fotografía. Solo nosotros llegamos allí sin un objetivo evidente, sin una línea trazada. Hasta que nuestros traseros hallaron la piedra adecuada sobre la que reposar y fueron haciendo su aparición la empanada, el queso, el salchichón y unas manzanas.


martes, 17 de enero de 2017

Estrategias



    El frío empieza a menudo por un escalofrío, esa descarga simultánea de miedo y placer que nos produce su predicción, su anuncio en grandes caracteres como el título de una peli de catástrofes. Con ese anticipo empezamos ya a hacer acopio frente al descenso de temperaturas. 

    Para ello hay al menos dos estrategias posibles que la naturaleza nos sugiere: una, afrontarlo con acumulación de capas exteriores; otra, replegarnos hacia el interior de nuestros confortables agujeros. 

    El fotógrafo se pregunta entonces qué expresa mejor el frío: si la humedad escarchada y azul de los caminos o la humedad que se condensa en las paredes del salón como el sudor de una fiebre que sufre la casa por nosotros. 

    Y duda entre mirar a la intimidad o a la intemperie. 


martes, 10 de enero de 2017

Historia botánica



    Los primeros que fueron plantados eran obras maestras de ingeniería: esbeltas cortezas sintéticas se alzaban como columnas al cielo, envolviendo una intrincada red de conductos en cuyo interior un fluido energético ascendía por capilaridad hasta lo más alto y se ramificaba y distribuía. Se dice que la gama de verdes y ocres de sus hojas superaba la paleta del mejor pintor: llegado el momento programado para la entrada del otoño pocos placeres se igualaban al de verlas caer con el ritmo exacto de un metrónomo. 

   Sin embargo, con el tiempo aquellos ejemplares pioneros, construidos de forma casi artesanal, fueron dejando paso a otros de manufactura más basta, pues las autoridades afirmaban que solo abaratando costes sería posible concluir la repoblación. El resultado es esa maraña informe que hoy nos hemos acostumbrado a llamar bosque. 

   Cuando la fortuna nos sonríe y logramos dar con el esqueleto oxidado de alguno de aquellos árboles primigenios, un estremecimiento nos recorre. Nos acercamos con precaución, con respeto rozamos apenas su tacto acerado y frío, su estructura perfecta como una ley natural: sentimos de nuevo la emoción de lo auténtico.


miércoles, 4 de enero de 2017

Vasos comunicantes



    En la disposición de la mesa puesta hay un lenguaje que recuerda a alguna clase de protocolo militar, sin que quede claro qué o quiénes son los rivales a batir. Pero hay también un lenguaje de la sobremesa, pariente próximo del idioma de la cama deshecha, en el cual se ordenan las cosas de acuerdo a una pauta imprevista como imprevistos son los giros de las conversaciones o los caprichos de los cuerpos librados a su suerte. A partir de nuestro abandono crean los objetos un universo de vasos comunicantes por donde circulan en igualdad de condiciones los buenos deseos y las insidias que buscan sin éxito una salida airosa. De ese alambique improvisado se destila al fin un silencio tan puro que ninguno de los comensales sería capaz de apurar sin congestionarse gravemente.


jueves, 29 de diciembre de 2016

Para salir corriendo



    Dicen los telediarios que, San Silvestre mediante, cada vez más gente despide el año corriendo, hasta el punto de haberse convertido en otra tradición, quien sabe si camino de hacerse obligatoria, tanta es la prisa que tenemos por dejarlo atrás, por cruzar ese umbral que hemos ido construyendo piedra a piedra, el mismo que estamos a punto de empezar a construir de nuevo. Al que llega a la meta el primero, es decir, al que antes sale del año, creo que le dan un premio, que es casi como premiar al que sea capaz de hacer un año en menos tiempo, meritorio logro sin duda, aunque no tanto como saber qué hacer con el resto. Ah, y sin olvidar el hecho de que es otra oportunidad nada despreciable de salir en la foto. Al fin y al cabo, celebrar un nuevo año es hacerse un autorretrato con el tiempo y comprobar que, maldito sea, por él no pasan los años, está siempre como el primer día.



Un abrazo a todos y que el 2017 os sea propicio.


lunes, 19 de diciembre de 2016

Luna de diciembre



    Hace poco más de un mes los medios de comunicación quisieron lanzar la luna al estrellato: la profecía de una luna como nunca antes habíamos visto, la luna más grande jamás contada, la superluna, corrió por las redes sociales y la puso en boca de todos, tan proclives como de costumbre a considerar importante lo infrecuente.

   Como no podía ser de otro modo, el augurio se cumplió: pese a que la diferencia de tamaño con las lunas de otros años por estas mismas fechas era imperceptible para el ojo humano, todo el mundo reconoció sin dudarlo la enormidad del astro, amplificado su diámetro no tanto por la confluencia de las trayectorias cósmicas, como por la gran caja de resonancia mediática. Tal vez algunos ocultaran una secreta decepción, pero me consta que muchos veían la luna por vez primera porque era la primera vez que había que ver la luna. 

  Personalmente he de reconocer que me sentí molesto, casi indignado. Y no por la atención inusitada que se le prestó en esos días sino por la falta de atención que demostramos tener para con ella el resto de la vida. No gritar ese milagro que es la luna de diciembre cuando sale del mar amaneciendo a las seis menos cuarto de la tarde debería estar castigado con cadena perpetua de silencio.

   Hoy, pasado el boom, la luna se ha quedado trasnochada, vuelta a sus estrictos términos de poetas románticos y guiones adolescentes. La luna, ídolo de soledades. Para mí solo, de nuevo, la luna.

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