domingo, 26 de mayo de 2019

La raya


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miércoles, 8 de mayo de 2019

Cartografía




   En otro tiempo el fotógrafo echaba a andar y de vez en cuando se detenía y tomaba una foto. Él se creía un incansable rastreador de la belleza y tal consideración le satisfacía porque de algún modo le proporcionaba un parentesco, aunque fuera lejano, con la prestigiosa estirpe del artista. Pero si nos atenemos a los hechos, su condición era y es más bien la de un cartógrafo cuya tarea consiste en levantar el mapa no de un espacio físico sino de un espacio de la experiencia: la experiencia tan simple como extraordinaria de echar a andar y tomar una foto de vez en cuando. Solo a partir de ese mapa el fotógrafo sabe dónde se encuentra y qué lugar ocupa. La belleza no es más que un accidente del terreno.


miércoles, 24 de abril de 2019

Retrospección



   Pudo haberse debido a un deja vu que le enfrentó a la eterna repetición del tiempo y sus trabajos, o a un desfallecimiento momentáneo por haber dormido mal y comido a salto de mata, o al hecho accidental de haberse llenado la memoria. El caso es que llegado a cierto punto el fotógrafo consideró que ya había hecho suficientes fotos. Y no solo por aquel día sino también para el resto de su vida. 

    Porque lo cierto es que, teniendo en cuenta los miles y miles de imágenes que guardaba en sus cajas, álbumes, archivadores, deuvedés y discos duros, probablemente ya no le alcanzaran los años para revisar, ordenar, clasificar, procesar y positivar aquel ingente material en el que, de mejor o peor manera, ya estaba todo dicho. 

   Además, bien pensado, la decisión de no tomar más fotografías no dejaba de ser también un acto de afirmación artística: la voluntad de negar la foto implicaba una rebeldía frente al automatismo, la proliferación sin tasa y la devaluación masiva del arte contemporáneo. 

   Y todo ello sin olvidar que la abstinencia le permitiría contemplar el mundo con ojos nuevos y desinteresados: del mismo modo que el exfumador recupera el sabor y el aroma de sus platos más queridos, quién sabe si no descubriría él también nuevas facetas suyas y se atrevería a experimentar con otras formas de plasmar e interpretar la realidad. 

   Se convertiría en historiador de sí mismo, exégeta de su propia obra, cuyos significados permanecían ocultos bajo el aluvión informe de los años: convertiría sus sucesivas preferencias temáticas y formales en etapas, y sus caprichos en hitos. Era sin duda el momento de las retrospectivas. 

   Este trabajo desbordante sería el mejor antídoto contra la tentación de volver a tomar fotos. Ya se veía retratado por algún compañero de profesión, absorto entre sus archivos y pruebas de impresión como un orfebre entregado en cuerpo y alma a su tarea, en la penumbra del taller donde una lámpara iluminaría con precisión sus manos en el centro de la imagen sosteniendo unos viejos negativos, mientras una pantalla reflectora permitiría adivinar al fondo la amorosa textura del polvo sobre una cámara presta a gozar ya del prestigio irrebatible del pasado.

miércoles, 17 de abril de 2019

Escenarios




   En París todo es símbolo, mito, escenario. No es Roma sino París la ciudad eterna, porque el tiempo de París es el de la representación pura, el de la obra que no cesa. Por eso cuando en París arde una catedral, arde un decorado y eso también forma parte del guión, un auto de fe retransmitido en directo desde la Edad Media para todos los telespectadores. Corre la Historia como la pólvora y asistimos a ella sobrecogidos pero íntimamente satisfechos de poder contarlo, de tener ese modesto y algo mezquino protagonismo del dónde estabas cuando. Exhaustos los corresponsales se quedan sin palabras y es entonces el momento de apagar las brasas con discursos tallados en piedra y de que empiecen a llover los donativos adecuadamente patrocinados. Comienza la reconstrucción. La leyenda se agranda. El mito renace de sus cenizas. El espectáculo debe continuar.


martes, 9 de abril de 2019

Neumática contenida



   Hawai, California,  Australia, Nazaré... Decenas de veces me he soñado sobre una tabla, piernas ligeramente flexionadas, brazos extendidos y acariciando con la punta de los dedos la pared marina que se va cerrando sobre mi cabeza, mientras el tiempo es una madeja de energía que se devana y me envuelve en el interior de un capullo que se adensa hasta romperse en una eclosión de espuma, agua y sal de la que emerjo y despierto con el pelo empapado, recién nacido.


viernes, 29 de marzo de 2019

Echando cuentas




Cuántas cuentas cuentas, 
cuántos años sumas restas, 
ábaco o rosario, nunca 
salen las cuentas o salen 
y calle abajo ruedan, 
plegaria de risas, 
carrera sin cálculo. 
Cuántos años cantas, 
cuántos dientes te faltan 
por salir o por caer. 
Por los andamios del tiempo 
cuento cuentos sin cuento, 
subo, bajo, rajo, 
revoco desencantos 
y cuando nadie mira 
me siento a destajo,  
vago innumerable, recóndito
pájaro, pájaro de cuenta
que por ti canta, 
                         vuela 
y se decanta.


sábado, 23 de marzo de 2019

Abrevadero


   
Seré breve, abrevaré 
en la fuente de la edad, sorberé con ruido.

Sére conciso, concitaré 
una compacta y sedienta nube de mosquitos. 

Seré parco, aparcaré 
tan lejos como pueda, id llamando a la grúa. 

Seré franco, franquearé 
la noche con sellos de postal, os mandaré recuerdos.

Seré directo, dirigiré 
con mi linterna un coro de luciérnagas.

Seré preciso, precisaré 
un poco de esto y de aquello, de lo demás menos y nada del todo.

Seré sincero, cincelaré 
mi rostro y mis rodillas entre los riscos. 

Seré claro, 
no diré mas. 

domingo, 17 de marzo de 2019

Fantasías animadas



   Como en mitad de un bosque: así se siente el fotógrafo entre los cascotes y grafitis de la vieja nave pues tienen la consistencia de lo natural, de lo que crece y se reproduce según sus propias leyes. Estudia el lugar a conciencia mientras con la cámara va tomando apuntes: sus dimensiones, la dirección de la luz, la geometría de las sombras, las paredes que servirán de fondo… Imagina enseguida dónde habrán de situarse los protagonistas de la sesión y mentalmente los agrupa, los distribuye. Así, esta construcción abandonada, cuya ruina va desnudando su estructura íntima en un proceso inverso al de su edificación, pero igualmente admirable, no menos metódico y mucho más inexorable, se va poblando de presencias que llegan de un porvenir cercano que el fotógrafo convoca. 

   De su primer uso industrial tan solo le quedan al edificio esos espacios grandilocuentes que con el paso de los años habrían de ser divididos en pequeños habitáculos por moradores que dejaron tras de si una galaxia desvencijada de muelles y listones. Siguiendo ese mismo curso temporal la mirada del fotógrafo va descendiendo poco a poco del continente a la minucia. Encuentra entonces calcetines desparejados, facturas que ya nunca llegarán a ser pagadas y juguetes que no hallaron un resquicio en el atestado maletero. Dentro del cascarón de cemento estos objetos chisporrotean como la memoria de una civilización lanzada al espacio. El fotógrafo se pregunta si habrá alguna manera de utilizar esta galería de recuerdos en su próximo proyecto. Si los fantasmas del pasado y del futuro serán capaces de entenderse.


jueves, 7 de marzo de 2019

Espejos como minas



   Una mañana luminosa y fría de febrero el hombre decidió deshacerse de todos los espejos. No era un gesto moral ni filosófico: tan solo estaba cansado de sostenerle la mirada cada día al mismo tipo. Pero el mundo era un territorio sembrado de espejos como minas: lavabos públicos, tiendas de ropa, vestíbulos de hoteles, lunas tintadas, plácidos estanques... Su peluquero nunca accedió de buena gana a aquella exigencia suya de darle la vuelta al sillón. Y sus amigos le reprochaban amargamente su terca reticencia a ser inmortalizado cada vez que tocaba hacerse un selfie. Sin embargo, con el tiempo aprendió a vivir de espalda a los espejos y un día en que se encontró por descuido con su propio rostro en una ventanilla del metro, no se reconoció y se tomó por un extraño. Ahora todos le dicen que por él no pasan los años. Y no sabe si darles la razón. El caso es que cada día pasa más horas hojeando los álbumes familiares, escrutando la nariz de su tío, los labios de su abuela, la frente de su padre, la barbilla de su madre. Y con todos esos rasgos reconstruye una imagen aproximada de si mismo.


miércoles, 27 de febrero de 2019

El intruso



   Cuando el dragón despertó, yo todavía estaba allí. Un ligero temblor de sus alas bastó para que la bruma de su aliento condensado a lo largo de la noche comenzara a disiparse. Aterrado contuve la respiración queriendo pasar inadvertido. Nunca una esperanza fue tan breve ni tan vana. Parpadeó una vez y otra más, como si quisiera cerciorarse de que mi triste figura no era un subproducto de alguno de sus sueños. Mientras giraba hacia mí el engranaje de su cuello, comenzaron a ensanchársele las aletas de la nariz y exhaló un suspiro largo y profundo como el exceso de vapor de una locomotora cansada. No tuve tiempo de determinar si era aquel un bufido de ira, de hastío, de lamento o de anticipado placer. Pero sí puedo decir que antes de ser desintegrado alcancé a reconocer, bajo toda su parafernalia, al viejo y maldito dinosaurio.

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