viernes, 5 de febrero de 2016

El mirador




    De todas las extrañas construcciones que el viajero fue descubriendo a lo largo y ancho del país, la que le dejó más perplejo fue una curiosa plataforma pensada y diseñada para practicar el ejercicio de mirar. No es que desde allí se alcanzara a ver algo diferente de lo que pudiera observarse desde cualquier otro punto de la abrupta costa. Sencillamente  la gente llegaba a aquella especie de altar, a veces desde muy lejos, se detenía y miraba. Algunos, los más hábiles o los más avezados, en ocasiones llegaban a ver algo. Pero la mayoría agotaba sus fuerzas sin haber encontrado tan siquiera un punto de vista propio. Por respeto, por temor o por discreción nadie hablaba de lo que veía o dejaba de ver. Eso sí, antes de irse por donde habían venido era usual hacerse una fotografía de grupo. Fuera de los miradores estaba mal visto el acto de mirar y eran pocos los que se aventuraban a hacerlo. Tan solo se toleraba este hábito entre los extranjeros, más que nada como un gesto de hospitalidad, y siempre que la mirada no se fijara más tiempo del necesario pues eso les ponía bastante nerviosos.


viernes, 29 de enero de 2016

Resistente




     No he podido encontrar las palabras adecuadas para acompañar a esta fotografía. Me gustaría decir algo sobre la vida que resiste, sobre cómo en Portugal uno puede tropezarse a la vuelta de cualquier esquina con la presencia viva del pasado, sin necesidad de folclores ni de saudades mal entendidas, con la naturalidad de lo que no espera ni precisa nuestro reconocimiento. Quisiera decir algo sobre todo esto, pero cada vez que lo intento la mirada del limpiabotas me devuelve a mi lugar, al silencio de la platea del tiempo, al lado oscuro del ojo de la cerradura.


viernes, 22 de enero de 2016

La espera



     Me citaste en el número siete, ¿lo recuerdas? No te impacientes si me retraso un poco, esas fueron tus palabras. Y yo te dije: pierde cuidado, amor, te esperaré el tiempo que sea necesario.


martes, 12 de enero de 2016

El método



Enhorabuena.

Has encontrado el método, por fin,

de llegar a ti,

de sonsacarte.

Después de todo un kamasutra 

sin esfuerzo das

con la necesaria inspiración, esa postura

que permite a la escultura

cincelarse, 

autora, por fin, de tu verdad,

la única importante, 

la que a nadie importa 

y a mí menos que a nadie.


lunes, 4 de enero de 2016

Los náufragos



     Horas, días, semanas, meses tal vez, vagaron por senderos y vías de servicio; cruzaron aldeas, autopistas, montes de eucaliptos; bordearon sembrados, alambradas videovigiladas y cientos de rotondas; circunvalaron, traídos y llevados por la orografía y los planeamientos urbanísticos. Apenas con lo puesto, comiendo snacks, sin mirarse el uno al otro, envejeciendo, sin la posibilidad siquiera de rendirse, aferrados a una esperanza cada vez menos ambiciosa.

         Hasta que el viento terral comenzó a soplar sobre su nuca, al principio con cierta indecisión, pero enseguida sin tregua, retroalimentándose con la misma oposición de los objetos, el terral que siguió soplando y los alzó, los zarandeó, los arrastró, el terral que incendió los montes y llenó su garganta de humo y polvo y los despojó de todo excepto de su propio sudor y terminó por arrojarlos a la orilla junto a sus escasas pertenencias, inconscientes casi, como un residuo inclasificable del destino. 

     Lentamente fueron despegando en un mismo movimiento párpados y labios, respirando por los ojos y sintiendo en los pies la mano fría del agua que los iba cubriendo, el efecto benéfico de la sal que empezaba ya a cicatrizar todas las heridas. Y alargaron primero un brazo y el otro después, agarrando el horizonte sobre el que, brazada a brazada, comenzaron a levantar un lugar en el que sobrevivir.


lunes, 28 de diciembre de 2015

Punto de fusión



     En estas fechas en las que el tiempo se comprime, el pasado te alcanza a poco que te descuides en la cola de una tienda o en un paso de cebra con semáforo. Si vuelves la cabeza todo empieza a parecerse demasiado a un cuadro de época. Incluso la tele se vuelve cruel y practica con nosotros un experimento de nostalgias para el que no estamos preparados. Inquieta comprobar cómo los lugares y acontecimientos que hasta ayer sostuvieron nuestros días se van disolviendo en nombres y números, apenas ya el santo y seña que deberemos pronunciar si queremos seguir formando parte de la fiesta. 

    Sin embargo, porque sabes que todas las calles terminan por ser la misma y que no hay años sino ritmo, porque lo sabes, tal vez convenga que tú y yo neguemos la certeza: así que aunque este año nuevo es el de siempre, ponte otra vez ese gastado vestido de pasadas Nocheviejas, que yo buscaré esa corbata que no pega, y vayamos a celebrar, sin movernos del abrazo, toda esta clara confusión, toda esta hermosa incertidumbre que tiene la supervivencia. Y olvidemos por una maldita vez la sensación de estar jugando siempre el tiempo de descuento.


¡Que el 2016 os sea propicio, compañeros!

viernes, 18 de diciembre de 2015

Debate a cuatro



-Bueno, y vosotras ¿cómo lo veis?

-Cómo vemos el qué.

-Pues qué va a ser, hija, la tarde, cómo veis la tarde, que yo vengo sin paraguas.

-Uy, nada, no hay de qué preocuparse ¡si ya está despejando por aquella esquina! Hacedme caso que yo entiendo mucho de esto, no os mováis de aquí y en menos de media hora ya nos estamos achicharrando al sol, os lo digo yo.

-Ya, ya, mira la lista esta, ayer dijiste lo mismo y llegamos a casa hechas una sopa. Yo por si acaso compré un paraguas nuevo en los chinos, mirad qué cosa más guapa…

-Ja, eso no te aguanta ni media ráfaga.

-Ya lo sé, si voy a mojarme igual, pero no me digáis que no es precioso, por dios ¡mira qué estampado y qué colores!

-Pues qué quieres que te diga, me gustaba más el que tenías antes. Mírame a mí, llevo el de siempre, me salvó de muchos chaparrones y cuando lo llevo abierto por la calle todos me reconocen enseguida, tiene mucha historia este paraguas, si yo os contara…

-Calla, calla, no empieces. Por dios, mujer, ¡pero si tiene más agujeros que un colador!

-Si, ya, pero es el mío, y la que con gusto se moja…

-Oye hija, y tú qué, fuiste la primera en preguntar y ahora no dices ni mu.

-Estoy pensando que si en lugar de estar hablando aquí cada una de lo nuestro, estuviéramos soplando todas a la vez, como poco ya tendríamos limpia la mitad del cielo.

-Anda ésta, ya habló la soñadora. Mucho habría que soplar aquí. No sabes lo que dices.

-Tendréis razón, como siempre, pero mira, yo voy a soplar igual y si no soy capaz de echar las nubes fuera por lo menos ejercito los pulmones, que lo único que sabemos hacer es hablar y estar sentadas, y mira cómo nos estamos poniendo...

-Pues también es verdad. Sopla, sopla, que parece que ya están cayendo gotas…

jueves, 10 de diciembre de 2015

Los extremos se tocan




Y allí donde se tocan, trocan y sin quererlo alcanzan un principio de equidistancia.



lunes, 30 de noviembre de 2015

El recodo



     En general no me gusta el pictorialismo en fotografía. Creo que la fotografía debe ocupar un espacio propio sin necesidad de recurrir a prestigios prestados. Reconozco sin embargo que a veces cuesta decir que no, la tentación es fuerte, y tampoco hay por qué caer en la tentación contraria, la de negarse a caer en aquella. Pero nada de eso ocurre en esta foto: era la escena real la que copiaba a su representación pictórica. Era la luz la que pintaba en mi retina.


martes, 24 de noviembre de 2015

El muro



     No se requiere una gran infraestructura. Su altura guardará proporción con la distancia que os separe: si permaneces siempre cerca, tres o cuatro metros serán más que suficientes. Su mantenimiento es simple: una mano de pintura cada cierto tiempo limpia y desinfecta. No olvides, eso sí, tapar las grietas que de tarde en tarde puedan provocar las explosiones. Y rasca el óxido antes de que penetre la superficie, y cuida que los hongos no se ramifiquen. Cuando lleguen las borrascas te resguardará de la lluvia racheada y si el sol aprieta proporcionará una sombra uniforme y pulcra. Señalará la frontera de lo que no te importa, de lo que no te afecta.

Ah, por cierto, procura ahuyentar a los perros, tan proclives a perderle el respeto a las paredes. Contra los grafiteros fija unas cámaras en los puntos apropiados. Y busca un servicio de vigilancia profesional, hazme caso, vale lo que cuesta. Y ya puestos no escatimes en lo importante: contrata un buen seguro, ya sabes, siempre es mejor que si algo pasa la responsabilidad la asuman otros.

Escucha: un día alguien llegará y te dirá que lo derribes, que el mundo está del otro lado: oídos sordos, no son más que vendedores de humo. Y además, aficionados. Tú tienes tu muro y nos tienes a nosotros: ante cualquier problema no dudes en consultarnos, solo en horario de oficina. Tenemos larga experiencia y un próspero futuro por delante.

Archivo del blog