martes, 17 de enero de 2017

Estrategias



    El frío empieza a menudo por un escalofrío, esa descarga simultánea de miedo y placer que nos produce su predicción, su anuncio en grandes caracteres como el título de una peli de catástrofes. Con ese anticipo empezamos ya a hacer acopio frente al descenso de temperaturas. 

    Para ello hay al menos dos estrategias posibles que la naturaleza nos sugiere: una, afrontarlo con acumulación de capas exteriores; otra, replegarnos hacia el interior de nuestros confortables agujeros. 

    El fotógrafo se pregunta entonces qué expresa mejor el frío: si la humedad escarchada y azul de los caminos o la humedad que se condensa en las paredes del salón como el sudor de una fiebre que sufre la casa por nosotros. 

    Y duda entre mirar a la intimidad o a la intemperie. 


martes, 10 de enero de 2017

Historia botánica



    Los primeros que fueron plantados eran obras maestras de ingeniería: esbeltas cortezas sintéticas se alzaban como columnas al cielo, envolviendo una intrincada red de conductos en cuyo interior un fluido energético ascendía por capilaridad hasta lo más alto y se ramificaba y distribuía. Se dice que la gama de verdes y ocres de sus hojas superaba la paleta del mejor pintor: llegado el momento programado para la entrada del otoño pocos placeres se igualaban al de verlas caer con el ritmo exacto de un metrónomo. 

   Sin embargo, con el tiempo aquellos ejemplares pioneros, construidos de forma casi artesanal, fueron dejando paso a otros de manufactura más basta, pues las autoridades afirmaban que solo abaratando costes sería posible concluir la repoblación. El resultado es esa maraña informe que hoy nos hemos acostumbrado a llamar bosque. 

   Cuando la fortuna nos sonríe y logramos dar con el esqueleto oxidado de alguno de aquellos árboles primigenios, un estremecimiento nos recorre. Nos acercamos con precaución, con respeto rozamos apenas su tacto acerado y frío, su estructura perfecta como una ley natural: sentimos de nuevo la emoción de lo auténtico.


miércoles, 4 de enero de 2017

Vasos comunicantes



    En la disposición de la mesa puesta hay un lenguaje que recuerda a alguna clase de protocolo militar, sin que quede claro qué o quiénes son los rivales a batir. Pero hay también un lenguaje de la sobremesa, pariente próximo del idioma de la cama deshecha, en el cual se ordenan las cosas de acuerdo a una pauta imprevista como imprevistos son los giros de las conversaciones o los caprichos de los cuerpos librados a su suerte. A partir de nuestro abandono crean los objetos un universo de vasos comunicantes por donde circulan en igualdad de condiciones los buenos deseos y las insidias que buscan sin éxito una salida airosa. De ese alambique improvisado se destila al fin un silencio tan puro que ninguno de los comensales sería capaz de apurar sin congestionarse gravemente.


jueves, 29 de diciembre de 2016

Para salir corriendo



    Dicen los telediarios que, San Silvestre mediante, cada vez más gente despide el año corriendo, hasta el punto de haberse convertido en otra tradición, quien sabe si camino de hacerse obligatoria, tanta es la prisa que tenemos por dejarlo atrás, por cruzar ese umbral que hemos ido construyendo piedra a piedra, el mismo que estamos a punto de empezar a construir de nuevo. Al que llega a la meta el primero, es decir, al que antes sale del año, creo que le dan un premio, que es casi como premiar al que sea capaz de hacer un año en menos tiempo, meritorio logro sin duda, aunque no tanto como saber qué hacer con el resto. Ah, y sin olvidar el hecho de que es otra oportunidad nada despreciable de salir en la foto. Al fin y al cabo, celebrar un nuevo año es hacerse un autorretrato con el tiempo y comprobar que, maldito sea, por él no pasan los años, está siempre como el primer día.



Un abrazo a todos y que el 2017 os sea propicio.


lunes, 19 de diciembre de 2016

Luna de diciembre



    Hace poco más de un mes los medios de comunicación quisieron lanzar la luna al estrellato: la profecía de una luna como nunca antes habíamos visto, la luna más grande jamás contada, la superluna, corrió por las redes sociales y la puso en boca de todos, tan proclives como de costumbre a considerar importante lo infrecuente.

   Como no podía ser de otro modo, el augurio se cumplió: pese a que la diferencia de tamaño con las lunas de otros años por estas mismas fechas era imperceptible para el ojo humano, todo el mundo reconoció sin dudarlo la enormidad del astro, amplificado su diámetro no tanto por la confluencia de las trayectorias cósmicas, como por la gran caja de resonancia mediática. Tal vez algunos ocultaran una secreta decepción, pero me consta que muchos veían la luna por vez primera porque era la primera vez que había que ver la luna. 

  Personalmente he de reconocer que me sentí molesto, casi indignado. Y no por la atención inusitada que se le prestó en esos días sino por la falta de atención que demostramos tener para con ella el resto de la vida. No gritar ese milagro que es la luna de diciembre cuando sale del mar amaneciendo a las seis menos cuarto de la tarde debería estar castigado con cadena perpetua de silencio.

   Hoy, pasado el boom, la luna se ha quedado trasnochada, vuelta a sus estrictos términos de poetas románticos y guiones adolescentes. La luna, ídolo de soledades. Para mí solo, de nuevo, la luna.

martes, 13 de diciembre de 2016

Alma centrífuga




    La clave del secreto del funambulista reside en haber comprendido que siempre y en todo lugar caminamos sobre un borde tan fino como el filo de una navaja. Y que ese espacio es más que suficiente en este baile de sombras.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Contar con los dedos




    Una mañana me levanto antes que nadie y descubro el orden oculto de las cosas: resulta que todo está formado por series incompletas de elementos que para dotarse de sentido aguardan pacientemente la continuación exacta de tus dedos. Ocupo entonces mi lugar natural entre los números y esperándote reanudo el sueño.


martes, 22 de noviembre de 2016

A la puerta de la pastelería



    
     Y el oráculo dijo así: 

   Sea cual sea la ciudad de tu destino únicamente te estará permitido el acceso a la ciudad que viaja contigo, esa que hallarás siempre donde quiera que vayas. Si alguna vez pensaste en ganarte la vida como fotógrafo de viajes, pierde toda esperanza. A cambio puede que te encuentres solo pero nunca te sentirás extranjero y cuando mires a los ojos de los niños, ellos reconocerán en ti a un pariente cercano.


miércoles, 16 de noviembre de 2016

Sueño a medida



    El sueño de un futuro mejor. El sueño de todos. El de cualquiera. Un sueño que se alza como una hermosa torre protegida por cien policías en su base. Sueño hecho de distancia pues solo la distancia lo hace nuestro, solo así cabe en la palma de la mano, en el bolsillo, sueño portable, souvenir de las noches insomnes. Si te acercas demasiado el sueño se vuelve inmanejable, desborda la mirada, su complejidad nos aplasta, lo perdemos de vista. Únicamente en su lejanía se cumple el sueño aquí y ahora. 

    En lo alto del Arco del Triunfo la gente guarda cola para subirse a una pequeña plataforma desde la cual niños y mayores se hacen fotos sosteniendo una porción de aire en cuyo interior procuran encajar la torre Eiffel. Mientras, otros suben a la torre Eiffel y desde allí fotografían el Arco del Triunfo.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Estatuas de sal



    A decir verdad, salimos del museo un tanto mareados. Habíamos estado recorriendo las diferentes épocas y estilos como si se trataran de las cubiertas sucesivas de un transatlántico y pronto nos resignamos al hecho de estar ante un espacio inabarcable: no solo se expandía ramificándose en innumerables salas atestadas como camarotes, sino también a través de algunas pinturas que parecían conducir al interior de mundos abisales tan prolijos como desconocidos. Conscientes de nuestra limitación nos aplicamos a la labor de picotear pinceladas, luces, fechas, nombres, rostros, sin concedernos el menor respiro, cada vez más pesados y abotargados por una indigestión en ciernes. 

    Sin embargo, tampoco fuera del museo encontramos alivio: solo esa desorientación que se sufre a veces en los espacios abiertos, mientras buscábamos sin éxito una razón para abandonar el barco, un pretexto para arrojarnos por la borda y confraternizar con los tiburones que necesitan estar siempre en movimiento para no morir asfixiados. Todavía bajo el aturdimiento provocado por las altas dosis de arte consumido, alguien observó que allí donde pisábamos brotaba un pedestal. Fue entonces cuando comprendimos que toda la visita había sido un simulacro: que ahora y solo ahora estábamos accediendo a las verdaderas estancias del museo.


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