sábado, 19 de octubre de 2019

Mediodía de azoteas




Aguarda a que ascienda la soga 

impar del mediodía, 

deja que trace el sol sobre tu nuca 

una perfecta bisectriz. 

Solo entonces se fundirán las sombras 

y resolveremos al fin el laberinto.




jueves, 10 de octubre de 2019

La puerta



   Una vez sofocadas las últimas revueltas, el tirano quiso levantar un templo digno de su poder, un templo capaz de honrar a los dioses y sobrecoger a los hombres por igual. Contrató para ello al más afamado de los arquitectos del momento, el cual aceptó el encargo a condición de gozar de entera libertad en el proyecto y de que permanecieran en secreto todos sus detalles. Aunque el tirano no estaba acostumbrado a negociar condición alguna, era tal su deseo de notoriedad que cedió a sus exigencias. El arquitecto ordenó entonces levantar una puerta fastuosa de más de ocho metros de altura y veinte toneladas del mejor mármol de las canteras de la isla. Imaginar las restantes dimensiones del edificio a partir de aquella puerta descomunal se convirtió en uno de los pasatiempos predilectos de nobles y curiosos. 

  Pronto los rumores acerca de la portentosa construcción comenzaron a circular de boca en boca y de isla en isla hasta alcanzar los últimos rincones del Mediterráneo y aunque ni tan siquiera se habían llegado a colocar los basamentos, ya se hablaba del diámetro de sus columnas innumerables que diez hombres no serían capaces de abarcar, del brillo cegador de sus escalinatas al amanecer, de la riqueza de sus frisos, tan vivos en la representación de la vida y la muerte que hacían llorar a quienes los veían por primera vez. A medida que las noticias del templo se propagaban por los reinos más apartados, cada detalle suyo ganaba en admiración y maravilla. 

   Cuando tales rumores llegaron a oídos del tirano, quiso saber si en efecto el templo llegaría a ser tan prodigioso como se decía, a lo que el arquitecto contestó que podía comprobarlo cuando quisiera ya que con aquella espléndida puerta daba el templo por concluido: no sería él quien pusiera en riesgo su propia reputación como arquitecto ni la gloria y autoridad de su señor añadiendo una piedra más, que por otro lado resultaría a todas luces superflua.


viernes, 4 de octubre de 2019

Transitiva



   Franqueo con limpieza el arco de metales, me giro y me despido de mí, al otro lado, con un gesto apenas perceptible de la mano y de las cejas. Los dos sabemos que jamás volveremos a vernos, pero disimulamos. 

  Pronto las islas, los olivares, los puertos, las ciudades devienen mapa, una superficie desvaída de verde, ocre y azul punteada por las nubes. 

  Más allá de la tarde y de la cinta de equipajes me aguardo. Entre la riada de viajeros que llegan busco mi rostro hasta reconocerme. Cortésmente me ofrezco a llevarme la maleta. Accedo y con las manos vacías contemplo cómo me alejo por los pulidos bulevares de la terminal.


viernes, 20 de septiembre de 2019

Familia real




   Ya está bien. A ver si les prestas un poquito de atención, que son tus hijas. Bastaría una pequeña parte del tiempo que malgastas con clientas, amigas, vecinas, conocidas, turistas y cualquiera que pase por la calle. Llevarlas al parque o la playa alguna vez, como hacen todos los padres. Tampoco es pedir tanto. Ellas son calladas y obedientes, no se merecen el trato que les das. ¿Recuerdas? Querías una esposa siempre joven y unas hijas que no crecieran nunca, tan inocentes, tan graciosas, y nos hemos aplicado a la tarea como jamás hubieras podido imaginar. Pero al parecer te has cansado de nosotras: a ellas las acusas de inmaduras y a mí de previsible, como si no fuéramos espejo de ti y de tus caprichos. Te crees mejor, más importante, por tener dinero, papeles y una sonrisa con la que engatusar a las mujeres. Pero no te engañes, todo eso no es más verdad que esta fotografía y en su interior nosotras y tú somos lo mismo.



viernes, 13 de septiembre de 2019

Deslocalización de la memoria



   Hoy dictan sus últimas palabras las chimeneas de mi infancia. Expertos operarios cierran en estos momentos los ojos a los hornos. Con las alas cortadas los dragones agonizan. En vano espero ver retorcerse una vez más las bocanadas de vapor nublando el cielo.

 Son las mismas altas torres que mi padre señalaba –yo aún caminaba de su mano- mientras nombraba uno por uno los talleres: baterías, hornos altos, convertidor, sínter, laminación..., el mítico escenario donde Hefesto y sus Dáctilos templaban la chapa de los Seat. Todo, el aliento acre que nos hacía llorar, las ávidas cenizas que nos daban de comer, también eso se detiene para siempre. Los recuerdos se convierten en vestigios. Y yo debo alegrarme porque han vuelto las nutrias a la ría. 

  Discutiremos largamente si hemos de proteger ese patrimonio del olvido para que grupos de escolares vengan en el futuro a visitar esbeltos jardines de hojalata.  Pero yo sé que en otro lugar estas mismas chimeneas seguirán borrando el cielo, que el veneno siempre encuentra quien lo apure y que mi antiguo paisaje encuentra ya otros niños en los que anidar. Son ellos, niños de piel oscura o amarilla, los que guardarán a partir de ahora mis recuerdos.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Es el mercado



   En torno al Mercado Central reina un ambiente de campo de batalla, dicho esto por quien nunca ha estado en un campo de batalla. Los que no tienen la fortuna de ser titulares de un puesto de venta extienden precariamente sus productos en menos de un metro cuadrado, dicho esto por quien siempre ha dispuesto de acogedores locales para exponer sus obras. Aunque en sus rostros, en sus figuras y en sus ropas están presentes los estragos de los malos tiempos, todavía conservan un ademán elegante, una poderosa dignidad en su pobreza, dicho esto desde la seguridad que proporciona un sueldo fijo. Una ristra de ajos, una docena de huevos, el reluciente amarillo de un kilo de limones, adquieren entonces el protagonismo de piezas únicas, insustituibles, cuyo verdadero precio no podríamos pagar ni con una vida entera de trabajo, dicho esto por quien nunca ha tenido que mancharse las manos de tierra. Toda esta acumulación de colores, olores y bondades voceadas provocan una ilusión de abundancia que en realidad está hecha de una multitud de porfiadas escaseces, dicho esto por quien no ha de volver ni volverá al día siguiente.


sábado, 31 de agosto de 2019

Helena



   Encontrarte hoy aquí, en este ruin depósito de ruinas, me ha parado el corazón. He querido hablarte, pronunciar tu nombre en tu presencia, pero ha pasado tanto tiempo que probablemente ni siquiera hablemos ya el mismo idioma. Tal vez nunca lo hicimos, pero supongo que entonces las palabras no eran necesarias. 

  Qué tarea tan concienzuda, tan despiadada. Hay que ver cuánto trabajo se han tomado para romper cada vasija, cada ánfora, cada copa en la que tú y yo bebimos un día los vinos más exquisitos traídos de los últimos confines del reino. No ha sido el tiempo el artífice de tanta destrucción sino la envidia. 

  Toda aquella ridícula historia del rapto que urdieron mis consejeros para justificar otra invasión más, me favorecía: poco me importaba a mí aquella ciudad a las puertas del Helesponto, pero acaso una guerra era la única manera de mitigar el hecho insoportable de tu marcha, así como un dolor con otro dolor se calma. 

  Errante a través de las edades, quizás ahora pueda descansar, sentado en este rincón de la sala, por donde pasan cada día cientos de ignorantes a los que vigilo y reprendo si tratan de acercarse a cualquier objeto que tu mano sostuvo o que tus labios convirtieron en reliquia. Saber que aún vives en carne mortal alimentará mis sueños de fantasma por el resto de la eternidad.


miércoles, 31 de julio de 2019

La fisura



   Y vio Dios cuanto había hecho y no estaba tan mal para ser la primera vez, es más, estaba muy bien, así que dio por concluida su labor y bendijo Dios el séptimo día y lo santificó. 

   Al no tener nada mejor que hacer, dedicó Dios este día a contemplar su obra en toda su extensión y magnificencia, hasta que halló un pequeño descosido en una de las costuras que permitía vislumbrar al otro lado lo confuso, lo innombrado. 

   Y ya no hizo Dios otra cosa que observar aquella fisura por la que lentamente se iba vertiendo el desorden en el interior del mundo recién creado. Y entonces vio Dios que también aquello estaba bien y lo bendijo. Después creó el fútbol y se le pasó en un pispás el resto del domingo.


domingo, 21 de julio de 2019

Luna roja



   En cierto lugar del Egeo hay una isla de mármol. Las láminas de sus acantilados se confunden con la espuma de las olas y el fulgor lechoso que despide hace que el navegante la tome en ocasiones por una inconcreción de la calima. Baldosas de sutiles vetas rosadas y azules pavimentan las calles de sus aldeas. En el interior de sus capillas los exvotos resplandecen bajo la luz que atraviesa las tejas traslúcidas. Con el mármol más puro se tallan los altares y los cálices: el vino tiene allí un sabor mineral y dicen que aclara la voz y las ideas. 

   No resulta fácil encontrarse con alguno de sus discretos habitantes. En cambio, las más exquisitas estatuas se nos aparecen en cada esquina como si acabaran de salir del cincel de un artista incansable. Con los ojos en blanco algunas parecen alegrarse de vernos. Otras por el contrario se dirían ciegas a causa de tanta luz multiplicada y esbozan un tímido gesto de súplica. Sorprende la ausencia de lápidas en los cementerios: apenas unas pobres cruces de madera de ciprés que han de importar de islas vecinas. 

   Después de ponerse el sol, el mármol pierde el calor con rapidez: arropados bajo el níveo frescor que se apodera de la isla, sus habitantes duermen como niños. Ya nadie queda en vela cuando aparece la luna roja sobre el horizonte, roca tosca que acoge en sí todo el dolor, todos los llantos, todos los odios, todas las culpas.


domingo, 14 de julio de 2019

El oráculo



   Según la leyenda y los designios de Zeus, en Delfos se encontraba el ombligo del mundo. Este eslogan tuvo un éxito inmediato y durante siglos acudieron los griegos de toda condición en busca de remedio a sus precarias vidas o de respuesta a sus no menos precarias ambiciones. Hoy, como sísifos incansables, los guías turísticos levantan el santuario de entre sus ruinas para los grupos de visitantes que renacen y se recomponen una y otra vez. La peregrinación cambia de signo, pero no se detiene nunca.

  Entre el barullo de lenguas, un gato me da la bienvenida a la entrada del recinto. Asciende perezoso el camino sagrado y decido seguirlo. Su recorrido se aleja un tanto del oficial pues tan pronto husmea en torno a unas columnas como busca la sombra del laurel junto al estadio o se encarama en una partitura de piedra mientras contempla con los ojos entrecerrados el valle del río Pleistos. Trato de sacarle de su ensimismamiento y le pregunto por las dos conocidas máximas labradas en el pórtico del templo de Apolo: “de nada en exceso” y “conócete a ti mismo”.

- Otra broma de los griegos –me dice sin mover siquiera los bigotes- Todo el mundo cree que se trata de una invitación a la templanza, al equilibrio necesario para alcanzar la sabiduría.
- ¿Y no lo es?
- Más bien todo lo contrario. En realidad, para cumplir con el primero de los axiomas es necesario desobedecerlo y solo entonces podemos aproximarnos al segundo.
- ¿Ah, sí? Tendrás que explicarte.
- Es claro –afirma después de pasarse la lengua por las uñas- Si en nada debemos excedernos, también en el uso de la mesura tendremos que ser prudentes y por tanto habremos de permitirnos ciertos excesos si no queremos llevar ese principio de moderación a un extremo pernicioso.
- Eso me suena a sofisma, querido amigo.
- En absoluto ¿Cómo podríamos conocernos a nosotros mismos si ignoramos cuáles son nuestros propios límites? ¿Acaso un viajero puede decir que conoce verdaderamente un país sin haber alcanzado sus últimas fronteras? 

  Sin previo aviso bosteza, arquea el lomo y echa de nuevo a andar con la cola levantada, mientras prosigue entre los mármoles su breve digresión:

- El problema reside en que las fronteras de ese extraño territorio que es uno mismo y por extensión todos nosotros, se desplazan constantemente a medida que se recorre y a causa de recorrerlo. Y así no hay manera de fijar un punto medio.
- Entonces ¿los dos principios son una pura falacia? –le replico algo irritado.
- Yo no diría tanto… -contesta mientras se aleja entre las jaras floridas y los cipreses. 

  Al salir me encuentro de nuevo al felino: yace cual esfinge en mitad de la corriente incesante de turistas, dueño de sí, con una parte de valor y otra de templanza, estoico y epicúreo a un tiempo. Algo me dice que ha estado tomándome el pelo. Creo que él conoce la ubicación exacta del centro del mundo.

Archivo del blog