Talar, desbrozar, arrancar. Una vida en guerra contra la jungla sempiterna, manteniendo a raya a todo ese regimiento de raíces, brotes y malas hierbas que cercaban la parcela ganada al bosque y acechaban la casa que primero fue de tablones y más tarde del mejor granito traído de las tierras altas. Toda una vida convertida en azote de la exuberancia, una existencia de machete y herbicida, una estancia levantada y defendida con la fibra de sus brazos, con sus manos nudosas bajo la áspera corteza de una piel madurada en la estación seca, macerada en la lluviosa, fermentada en esa sopa frondosa de aullidos y mosquitos que es la noche. Y todo ese empeño y esa gesta laureada al final de sus días con el triunfo del césped y un patio interior donde ahora cultiva con esmero las variedades botánicas más hermosas de la selva.
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viernes, 22 de noviembre de 2019
jueves, 14 de febrero de 2019
Casa con patio
Pero no te quedes ahí de pie como un pasmarote, pasa y siéntate, Valentín, que aquí al sol se está tan ricamente, así, mano sobre mano, sin más tarea que dejar que el sol te devuelva el sentido a los pies y a las rodillas. Anda, Valentín, ven a hacerme compañía, que ya no tienes animales ni hacienda que atender y la huerta no da más que zarzas y rosas blancas. Ven y cuéntame cómo nos conocimos y qué le dijiste a mi padre y qué te dijo él, y cómo después, bajo la higuera del pozo, la de las brevas más dulces, me prometiste el oro y el moro, y una casita con patio. Ven y repítemelo, que quiero oírlo de tu voz porque voy a darte contestación, Valentín, que ahora sí, me lo he pensado bien y quiero pasar contigo el resto de mis tardes.
jueves, 17 de enero de 2019
La hora incierta
De algún modo cada faro es el faro del fin del mundo: el último bastión de la última frontera que somos capaces de defender con cierta solvencia. Y la última instancia de los que se aventuran extramuros. Ni el GPS ni todos los satélites que orbitan sobre nosotros han conseguido apagar los faros: ondeando en la oscuridad su luz es la bandera que representa la patria común de la noche, esa en la que el sueño y el cobijo nos devuelven a una fraternidad umbilical a prueba de discursos.
Sin embargo, desde el faro de Camarinal esta sensación de finis terrae se diluye a medida que se encienden las luces de la costa y comienza a emerger en el horizonte otro litoral, espejo del nuestro, con sus poblaciones y sus faros y sus acantilados donde otros ojos tal vez nos imaginan: desde Ceuta hasta Tánger una línea de puntos se dibuja casi como una prolongación de la que a nuestra izquierda llega hasta Tarifa.
Así, en esa hora incierta en que se mezclan los últimos rescoldos del día con las primera llamas de la noche y en la que nuestros cuerpos se aligeran y se funden, el faro se convierte en umbral. Y mientras nos prometemos saltar algún día al otro lado, no podemos evitar vernos ya en sus ojos y desde sus ojos mirarnos.
Sin embargo, desde el faro de Camarinal esta sensación de finis terrae se diluye a medida que se encienden las luces de la costa y comienza a emerger en el horizonte otro litoral, espejo del nuestro, con sus poblaciones y sus faros y sus acantilados donde otros ojos tal vez nos imaginan: desde Ceuta hasta Tánger una línea de puntos se dibuja casi como una prolongación de la que a nuestra izquierda llega hasta Tarifa.
Así, en esa hora incierta en que se mezclan los últimos rescoldos del día con las primera llamas de la noche y en la que nuestros cuerpos se aligeran y se funden, el faro se convierte en umbral. Y mientras nos prometemos saltar algún día al otro lado, no podemos evitar vernos ya en sus ojos y desde sus ojos mirarnos.
miércoles, 9 de enero de 2019
Orilla del Majaceite
También allí, bajo el denso dosel vegetal, llegaba el calor que supuraba de mi frente en gruesas gotas, morosas como las horas de aquel tórrido mediodía de finales del verano. En vano seguí el curso del cordón de mis zapatillas a través de ojales, bucles y lazadas con la intención de adivinar de cuál de sus extremos había de tirar si quería entregar mis pies al frescor que el río prometía. Mis manos sudorosas sostenían los cabos del diabólico artefacto en que se había convertido la mañana: solo uno de ellos liberaba el nudo, el otro lo estrangulaba. Artificiero del instante, cerré los ojos, contuve la respiración y, sin cuenta atrás, me encomendé al dios de los esclavos a los que no les queda otra que jugársela.
Series:
Gaditanas,
Las formas del silencio,
Vidas discretas
Ubicación:
Río Majaceite, Cádiz, España
martes, 1 de enero de 2019
Página 19
Pero tal vez esa geometría del embudo de la que hablábamos ayer no sea más que una ilusión producida por una percepción demasiado parcial. Si abrimos foco y ampliamos el plano podremos comprobar que ese descenso vertiginoso de las últimas horas del año se ajusta mejor a la curvatura que describe el borde interior de la página de un libro, allí donde la hoja busca la juntura del lomo en el que se inserta hasta desaparecer por el pliegue más íntimo, cauce del que nace la abrupta vertiente que habremos de remontar para alcanzar la llanura de la página siguiente.
A partir de aquí las teorías son contradictorias. Hay quien sostiene que esta nueva página ya ha sido escrita y vivir es tan solo leer la novela de la propia vida. Otros defienden en cambio que la página está en blanco y vivir es escribir el relato del que somos involuntarios protagonistas. Por mi parte soy de los que piensa que todo está escrito pero aun queda colocar los signos de puntuación en los lugares apropiados.
A partir de aquí las teorías son contradictorias. Hay quien sostiene que esta nueva página ya ha sido escrita y vivir es tan solo leer la novela de la propia vida. Otros defienden en cambio que la página está en blanco y vivir es escribir el relato del que somos involuntarios protagonistas. Por mi parte soy de los que piensa que todo está escrito pero aun queda colocar los signos de puntuación en los lugares apropiados.
Series:
Gaditanas,
Las formas del tiempo
Ubicación:
Setenil de las Bodegas, Cádiz,
viernes, 30 de noviembre de 2018
Atención plena
Si te sientas y te paras a escuchar, oirás algo muy parecido al zumbido que envuelve la charca a mediodía: es el revoloteo confuso de los turistas, los guías de los turistas, los turistas japoneses (tienen derecho a grupo propio), los jubilados, solos o en bandas organizadas, los vendedores de fortuna, los interceptores de las oenegés, los que miran escaparates, los músicos de calle, los que van o vienen del dentista, los ociosos sin más, los que penden de un móvil, los que salen a hacer la compra diaria, los que caminan, corren, patinan, los que toman café en las terrazas, el cartero, los carteristas, los que han quedado con alguien, los que acuden, los que se han quedado solos, los repartidores amazónicos, los que pasean al perro, los perros, los que deberían estar en clase, algún fotógrafo y otros insectos de las especies más insospechadas. Si sigues escuchando durante el tiempo suficiente (sin tasa) convertirás ese zumbido informe en una sustancia palpable y como si estuvieras ante una mesa de mezclas, cada uno de sus ingredientes comenzará a adquirir una identidad separada que podrás silenciar o amplificar a tu antojo. Solo entonces tendrás a tu disposición a los habitantes de la charca, tan suculentos y apetitosos como la fruta madura.
Series:
Gaditanas,
Retratos anónimos
Ubicación:
Carrera Espinel, Ronda, Málaga
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