miércoles, 14 de abril de 2021

Arqueografías

 

   Hay lugares a los que uno viaja con el propósito anticipado del regreso. Tengo que volver, nos decimos mientras aún estamos allí y ya ese estar es más bien un haber estado. A veces la voluntad de retorno obedece a hechos puramente circunstanciales: la premura de la visita, el mal tiempo que se empeñó en acompañarnos, el deseo ingenuo de repetir una experiencia feliz. Pero también puede estar ligada a la propia esencia del lugar. Por ejemplo, un país como Portugal que parece estar hecho de reminiscencias es una invitación constante a la renovación de la nostalgia. Y hay ciudades como París, tan inabarcables que no queda otro remedio que seguir volviendo una y otra vez con la intención condenada al fracaso de agotarlas. Es sobre todo por esto que siempre nos quedará París. Hoy vuelvo a ella convertido en arqueólogo de mis propios archivos. Del primer estrato, el más superficial, no sé si el de más brillo, extraje hace algún tiempo una serie que llamé “Postales de París”. En el nivel -2 de las excavaciones encuentro ahora otra ciudad que sin dejar de ser única podría estar en cualquier sitio. Es la ciudad que me habita allí donde vaya y para transitar por sus calles no necesito ni guía ni plano ni gps.


miércoles, 7 de abril de 2021

Globos de colores

 

   No es la primera vez que siento el espacio como una red de hilos que tejen las miradas. Igual que las autopistas del cielo o las derrotas de la navegación, así las pupilas trazan con imágenes su curso y como las estelas de los barcos y los reactores, desaparecen también en el magma del tiempo. En ocasiones, de ese manojo tenso como tela de araña, obtenemos de una mano desconocida la gracia de una fotografía atada a nuestro índice, y la vemos alzarse y flotar, unida a nosotros e inalcanzable.

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