Mostrando entradas con la etiqueta Las formas del tiempo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Las formas del tiempo. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de enero de 2021

La charca

 

   Como esta charca que ofrecen las manos prestidigitadoras del invierno, como esta luz cuyo ensalmo obra en la última página del diario, como estos ojos que contemplan desde la orilla de los años, así la belleza funda sus razones eternas en el imperio de lo pasajero.


martes, 29 de diciembre de 2020

Tiempo de metáforas

 

   Todos sabemos que este año no termina el 31 de diciembre. Pero como los buenos actores cuando se atasca la tramoya o alguien se olvida del diálogo, miraremos a la platea y tiraremos de repertorio para que el desfase no se note demasiado. Mantener las apariencias se ha convertido en una de las últimas formas de la solidaridad. Y la paciencia es la virtud que ha venido a sustituir a la esperanza. Porque esta vez el nuevo año no empieza el 1 de enero sino que irá entrando de a poco, como una cuadrilla infiltrada en las filas enemigas. Las campanadas solo sonarán para despistar. Y alzar las copas será nuestro santo y seña.

 

miércoles, 15 de abril de 2020

La cueva



   Como una estrategia más ante el encierro, el fotógrafo decide salir a pasear por el pasado. Para hacerse con el salvoconducto pertinente no le queda otra que recurrir a la mediación del fotógrafo que fue. Se cita con él en la esquina de 2012 con 2013: no tan lejos como para no reconocerse, ni tan cerca como para confundirse uno con el otro. Miran a izquierda y a derecha. Con afecto contenido se dan la mano. 

   Deciden recorrer los lugares de siempre: las calles del barrio, los horizontes marinos, los senderos, las competiciones del hijo, la nieve. Todo aparece tocado de un cierto afán de exploración, era una cámara distinta, otras las distancias focales, buscaba la abstracción en los callejones de Cimadevilla, quería penetrar en el interior de las gotas de lluvia. Le emociona esa ingenuidad, ese impulso. Transitan también por los consabidos cumpleaños familiares, bosques de velas antes de la invención de los números. 

  Se detienen ante un desfile de charangas: ahí el fotógrafo comprende de pronto que es imposible viajar al pasado, no por ninguna prohibición, sino porque sencillamente no existe: en su lugar hay una serie trastocable de presentes, como una colección de diapositivas cuya única condición es la de no tocarse nunca. Ahora, después, entonces, no son adverbios sino topónimos más o menos útiles, igual que las horas del día obedecen únicamente a la necesidad de organizarnos. El fotógrafo sigue al fotógrafo a través de las fechas que son plazas, hayedos, fiestas de disfraces y sustituye esas fechas en las carpetas por referencias a lugares como haría un bibliotecario que ensaya un sistema de notación plausible. 

  Así, de archivo en archivo, los fotógrafos llegan a las inmediaciones de una cueva: el fotógrafo de entonces-aquí sonríe ante el gesto de sorpresa del fotógrafo de allí-ahora. Ambos se adentran en lo oscuro: aleteo de alas membranosas y agua hasta los tobillos, como en las viejas historias de Los Cinco. La foto toma cuerpo, es decir, cobra sentido. Al fondo de la cueva está su mesa de luz, su escritorio. Sobre la pared se agitan las sombras, ya lo dijo el filósofo. Se da la vuelta y detrás-antes no hay nadie. Cerca-todavía, vosotros.


jueves, 26 de marzo de 2020

Mientras




   Como un tardío parte de estragos de una guerra librada en ultramar, así solemos tener noticia del vuelo del tiempo, al cabo de los años. Pero en ocasiones lo inesperado irrumpe, deja en espera los quehaceres y de pronto comenzamos a experimentar el tiempo en tiempo real: atónitos observamos lo nunca visto: el paso de las nubes, el declinar de la luz y sus matices, el borde estricto de los cuerpos, incluidos los nuestros. Rebosantes de horas, librados de urgencias, pretendemos entonces ocupar el tiempo sin darnos cuenta de que es el tiempo el que ahora nos ocupa. Ya no hay un mientras que oculte la sustancia de la vida. Y reconozcámoslo, tampoco estábamos preparados para esto.


martes, 28 de enero de 2020

Mar, representación



   ¿Recuerdas las crines al viento de los briosos corceles a cuya grupa cruzamos la estepa? ¿Recuerdas la quilla del corsario hendiendo el océano a la par de los delfines? ¿Y las lenguas de helio incandescente en torno al fuselaje a cien mil kilómetros por hora? ¿Recuerdas? Yo tampoco. Tal vez nada de eso que cuentan haya sucedido y solo exista esta humilde tarde en la que el mar, el viento y los últimos rayos del ocaso urden para nosotros un escenario en el que podemos llegar a creernos héroes e inmortales.


lunes, 30 de diciembre de 2019

1 de enero



   Llega un día en que uno descubre que su máxima aspiración es la ausencia de toda novedad, la calma repetición de lo vivido. Podría pensarse que es un acto de rendición o, sin llegar a tanto, la aceptación de una vida cumplida, preámbulo de la vejez y su conclusión inevitable. En el mejor de los casos diríamos que es un síntoma de madurez. Juicios erróneos todos ellos, puesto que no hay ilusión mayor ni utopía más loca que la de una vida predecible, de acogedoras rutinas, sin caras nuevas, sin noticias que no sean las de ayer punto por punto. Yo quisiera más de lo mismo siempre, pero sé que lo inesperado vendrá a mi encuentro allí donde menos lo habría imaginado. Quisiera no ir más allá del uno de enero, con su hartazgo, su resaca y su luz indiferente, me bastaría esa nada dichosa de comercios cerrados, de reposiciones de la víspera, de sobras. Con el uno de enero tendría para el resto del año. Y no necesitaría hacer ni una foto más. Qué plenitud indescriptible.



Saludos y salud para todos. Besos y abrazos también, sin tasa.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Temblor en Meteora



   Lentamente se abre paso a través de la tierra y de los siglos la mano crispada de un cíclope que yace bajo la llanura de Tesalia. Con el corazón acelerado correteamos entre sus dedos los ratones y creyéndolos montañas de arenisca admiramos sin saberlo la filigrana de sus huellas dactilares, los delicados pliegues que articulan sus falanges, las líneas de la palma de su mano que tomamos por senderos hacia otras regiones más felices, cuando en realidad todo ese ondear de estratos y de simas no es más que el troquelado por donde, sin previo aviso, quebrará sobre nosotros sus dedos el gigante.


viernes, 4 de octubre de 2019

Transitiva



   Franqueo con limpieza el arco de metales, me giro y me despido de mí, al otro lado, con un gesto apenas perceptible de la mano y de las cejas. Los dos sabemos que jamás volveremos a vernos, pero disimulamos. 

  Pronto las islas, los olivares, los puertos, las ciudades devienen mapa, una superficie desvaída de verde, ocre y azul punteada por las nubes. 

  Más allá de la tarde y de la cinta de equipajes me aguardo. Entre la riada de viajeros que llegan busco mi rostro hasta reconocerme. Cortésmente me ofrezco a llevarme la maleta. Accedo y con las manos vacías contemplo cómo me alejo por los pulidos bulevares de la terminal.


miércoles, 26 de junio de 2019

Emersión



   Solo es posible observar el exterior a través de un complicado juego de espejos. El capitán se aferra al manillar del periscopio, hunde sus ojos en el visor y traza lentamente la circunferencia del horizonte. No hay buques enemigos a la vista. Durante unos minutos las escotillas permanecerán abiertas y los motores apagados. El oxígeno, con un lejano rumor de válvulas distendidas, irá penetrando en los depósitos. Apenas algún tímido destello escapará del casco que tiene la dureza gris mate del granito. Los charranes sin detener su vuelo repararán en ese islote efímero que altera apenas la geografía del océano. En ese intervalo la tripulación fumará sus cigarrillos con caladas largas y profundas. Radares, torpedos, cargas de profundidad, lejanas explosiones, temblores: nada de eso habrá existido durante el tiempo que el acopio de aire requiere antes de volver a sumergirse. El capitán demorará la orden unos segundos más allá de lo prudente. Ignorará que el tiempo es un contenedor de gelatina que no puede estirarse sin romperse.


viernes, 29 de marzo de 2019

Echando cuentas




Cuántas cuentas cuentas, 
cuántos años sumas restas, 
ábaco o rosario, nunca 
salen las cuentas o salen 
y calle abajo ruedan, 
plegaria de risas, 
carrera sin cálculo. 
Cuántos años cantas, 
cuántos dientes te faltan 
por salir o por caer. 
Por los andamios del tiempo 
cuento cuentos sin cuento, 
subo, bajo, rajo, 
revoco desencantos 
y cuando nadie mira 
me siento a destajo,  
vago innumerable, recóndito
pájaro, pájaro de cuenta
que por ti canta, 
                         vuela 
y se decanta.


domingo, 17 de marzo de 2019

Fantasías animadas



   Como en mitad de un bosque: así se siente el fotógrafo entre los cascotes y grafitis de la vieja nave pues tienen la consistencia de lo natural, de lo que crece y se reproduce según sus propias leyes. Estudia el lugar a conciencia mientras con la cámara va tomando apuntes: sus dimensiones, la dirección de la luz, la geometría de las sombras, las paredes que servirán de fondo… Imagina enseguida dónde habrán de situarse los protagonistas de la sesión y mentalmente los agrupa, los distribuye. Así, esta construcción abandonada, cuya ruina va desnudando su estructura íntima en un proceso inverso al de su edificación, pero igualmente admirable, no menos metódico y mucho más inexorable, se va poblando de presencias que llegan de un porvenir cercano que el fotógrafo convoca. 

   De su primer uso industrial tan solo le quedan al edificio esos espacios grandilocuentes que con el paso de los años habrían de ser divididos en pequeños habitáculos por moradores que dejaron tras de si una galaxia desvencijada de muelles y listones. Siguiendo ese mismo curso temporal la mirada del fotógrafo va descendiendo poco a poco del continente a la minucia. Encuentra entonces calcetines desparejados, facturas que ya nunca llegarán a ser pagadas y juguetes que no hallaron un resquicio en el atestado maletero. Dentro del cascarón de cemento estos objetos chisporrotean como la memoria de una civilización lanzada al espacio. El fotógrafo se pregunta si habrá alguna manera de utilizar esta galería de recuerdos en su próximo proyecto. Si los fantasmas del pasado y del futuro serán capaces de entenderse.


martes, 1 de enero de 2019

Página 19



   Pero tal vez esa geometría del embudo de la que hablábamos ayer no sea más que una ilusión producida por una percepción demasiado parcial. Si abrimos foco y ampliamos el plano podremos comprobar que ese descenso vertiginoso de las últimas horas del año se ajusta mejor a la curvatura que describe el borde interior de la página de un libro, allí donde la hoja busca la juntura del lomo en el que se inserta hasta desaparecer por el pliegue más íntimo, cauce del que nace la abrupta vertiente que habremos de remontar para alcanzar la llanura de la página siguiente. 

   A partir de aquí las teorías son contradictorias. Hay quien sostiene que esta nueva página ya ha sido escrita y vivir es tan solo leer la novela de la propia vida. Otros defienden en cambio que la página está en blanco y vivir es escribir el relato del que somos involuntarios protagonistas. Por mi parte soy de los que piensa que todo está escrito pero aun queda colocar los signos de puntuación en los lugares apropiados.


domingo, 23 de diciembre de 2018

Camino de vuelta


   

     Nadie diría que estos árboles encendidos son los que esta mañana nos prestaron su dosel frío y azul mientras ascendíamos por este mismo camino que ahora nos trae de vuelta a favor de la pendiente sin más que dejarnos deslizar sobre esas sombras que como raíles se van tendiendo ante nosotros siguiendo la geometría que en estos días de finales de diciembre muestra la forma inapelable de un embudo por el que convergemos hacia el centro del torbellino en busca del cálido colapso en el que nos acabaremos reencontrando cada vez más y más apretados hasta la extenuación o hasta el abrazo. 



(Desconozco si esta breve descripción encierra algún significado oculto, alguna revelación, cierta parábola. He de reconocer que a estas alturas del relato solo aspiro a entender la mecánica elemental de las cosas. Y aun esta se me antoja una tarea excesiva.) 
   

Ojalá en estas fiestas todos encontremos un feliz punto de encuentro.


miércoles, 14 de noviembre de 2018

Un paso por detrás



   El fotógrafo sabe, no es nada nuevo, que para atrapar el instante es preciso anticiparlo. Cálculo, apuesta, intuición, son los instrumentos con los que intenta manejar una sustancia tan volátil. Esto convierte al fotógrafo en una especie de adivino de cortos vuelos, un profeta de lo inmediato. Podría pensarse que al reducirse el margen temporal se reduce también el margen de error, pero nada más falso. Solo la experiencia, que viene a ser poco más que el resultado de nuestras estadísticas privadas, le permiten afinar un tanto en las predicciones, igual que les ocurre, dicho sea de paso, a los adivinos de mayor alcance. 

  Sin embargo, no se trata tanto de adelantarse a los acontecimientos como de tener una perspectiva lo suficientemente amplia que permita multiplicar el número de opciones para tener así alguna posibilidad de éxito. Por eso al fotógrafo -a este fotógrafo- le gusta ir siempre un paso por detrás, para darle espacio al tiempo, hacerle sitio. Practica así el arte de la mínima desincronización: es impuntual pero con estudiada exactitud. Acostumbra a dejar que otros tomen la primera foto y, como el viejo jugador de bolsa o el buen bebedor, procura hacer siempre la penúltima. Es así como ha aprendido que la luz más pura y los colores más intensos y las sombras más sólidas acontecen justo antes de perder toda esperanza.


lunes, 22 de octubre de 2018

La máquina del tiempo



   Abro con gran esfuerzo la escotilla y un polvo anaranjado y ocre impregna mis dedos. Estornudo. No puedo creerlo: como un polen inverso el óxido cubre cada tornillo, cada remache de mi querido trasto. Algo ha salido mal. Temiendo lo peor llevo la mano a mi rostro y encuentro una barba densa y enraizada como la yedra. Cuántos meses, cuántos años han pasado por cada segundo que marcaba el reloj de a bordo. Un error de cálculo. Nunca debí haber redondeado antes del trigésimo segundo decimal. Nunca debí alargar el verano más allá de principios de septiembre. El tiempo ha viajado a través de mi y ahora estoy solo. Nadie me espera ya en el lugar de donde vengo. Pero tal vez hayan salido en mi busca. Tal vez alguien haya encontrado un atajo y aguarda mi llegada en algún rincón oculto de esta selva infinita. Tal vez haya descubierto cómo se detiene la máquina del tiempo.

martes, 10 de abril de 2018

Todo el silencio



   Mientras camina por esa penumbra de cuarto oscuro que envuelve el amanecer de la ciudad, al fotógrafo se le va revelando la verdad de su búsqueda y cae en la cuenta de que para él la fotografía es ya el único reducto de silencio: la fotografía nace del silencio y en el silencio persiste como en una solución pura y transparente. 

   Descubre que la ciudad y sus habitantes librados al silencio de las fotografías quedan en suspensión igual que partículas detenidas en una atmósfera sin gravedad, sin tiempo. 

   Comprende que el ruido es una de las formas en las que el tiempo se materializa y que, aunque no es posible detener el tiempo, sí lo es insonorizar algunas habitaciones. 

   Observa que en el silencio cada elemento encuentra su sitio: entre la piel del guante y la piel de la mano está el silencio. Como una fina película adhesiva. Una película muda de un solo e infinito fotograma. 

  Comprueba que todas las fotografías juntas, todos los silencios amontonados, forman un ruido ensordecedor: el ruido total equivale a la suma de todos los silencios. Pero tomadas de una en una, cada fotografía encierra el silencio entero. 

  Aprende, en fin, que las fotografías son contenedores de silencio que esperan dentro de las cámaras, acorazadas y a temperatura constante, a ser transportados hasta nosotros. Solo entonces los contenedores son abiertos y el silencio se va arrellanando en nuestro interior, colmando poco a poco el laberinto.



viernes, 26 de enero de 2018

Temporal




   Un hombre recorre el paseo que bordea los acantilados batidos por el temporal de poniente. Se acerca a la baranda: abajo las olas estallan y ascienden como llamas de lava blanca. El hombre tal vez se sobrecoge y deja escapar una exclamación, o un taco, que expresa mejor que nada lo sublime. Entonces extrae de su bolsillo un dispositivo móvil y procura con cierta desesperación hacerse un selfi: eleva los brazos al cielo una y otra vez, tan alto y tan lejos como puede, en un gesto que parece de reclamación o de súplica a una divinidad ajena a nuestras necesidades más perentorias, como ésta de hacer que las olas coreen nuestro nombre aquí y ahora. 

  Y es que, por más que les pese a los defensores de la lengua patria, un selfi no es ni será nunca un autorretrato. Porque en el selfi no hay intención ni afán de permanencia, sino pura pulsión de lo presente, la necesidad íntima de aparecer: aparecerse. El selfi es tal vez la foto más honesta, la que muestra a las claras que lo que más nos importa, por delante de la salvaje belleza del océano o de las pirámides de Egipto, es mi yo, o nuestros yos, pues el selfi puede ser onanístico u orgiástico sin que cambie la razón de su existencia: proclamar lo temporal contra todo temporal. 

  El hombre baja los brazos, se tienta las carnes a través de la pantalla, se palpa, se tranquiliza. Sigue su paseo, satisfecho: su rostro ya se expande y estalla en múltiples terminales a través del mar de las conciencias, antes de desaparecer bajo la imparable oleada de otros selfis. 


domingo, 31 de diciembre de 2017

El fin del tiempo




   Al  volver la vista atrás descubrí que la nieve había cubierto los senderos y rellenado el fondo de los valles: en la lejanía adiviné los ojos de los puentes cegados por la nieve y columnas de hielo elevándose en el interior de los pozos. A medida que observaba comprobé que no solo la nieve había suavizado los riscos, sino que también había borrado nuestras faltas y nivelado las múltiples traiciones con las escasas muestras de generosidad. Al volver la vista atrás intuí que las más hermosas ciudades y las aldeas más recónditas yacían ocultas y no quedaba rastro alguno de toda la sangre derramada ni del olor de las últimas rosas de los jardines de invierno. Pronto solo encontré una llanura blanca y salpicada aquí y allá por leves prominencias sin forma definida. Me sentí entonces tan libre y ligero como nunca antes y dispuesto a continuar el incierto camino que aún quedaba por delante. Pero antes de reemprender la marcha quise cerrar los ojos para sentir mejor el peso de la nieve sobre mi rostro, el contorno de los copos cayendo sin tiempo, disolviendo los límites. 




Que el 2018 os sea propicio. Un fuerte abrazo.


viernes, 22 de diciembre de 2017

Solsticio de invierno




Ahora que la geometría cóncava del tiempo 

apura el eco de los días. 

Ahora que se aproxima la caducidad

de los deseos y las fechas 

aconsejan su consumo preferente.

Ahora que las tardes son tan cortas

y cotiza al alza el precio de la luz

fundida en élitros dorados.

Ahora que se abre paso una grieta de tristeza

por donde respira la alegría.

Ahora abro mi casa para que el ruido encubra

nuestra compartida soledad

y la conserve.


viernes, 8 de diciembre de 2017

Fruto de temporada



   En esta tarde de diciembre una vibración de bronce resuena en las pupilas del fotógrafo como una llamada. Echa a andar y al borde del acantilado descubre a un pescador que con las cañas bien dispuestas confía a la espera toda su esperanza. Muy cerca un recolector de setas peina la hierba húmeda y da forma concreta al afán y a la búsqueda. Cada uno a su modo recoge los frutos del azar y escucha el silencioso crujir de la maquinaria del tiempo. Poco después todo se disuelve y ya solo queda el momento triste del recuento.

Archivo del blog