
También allí donde pasa de largo el viento y apenas se detiene la mirada, en las entrañas mismas de la ciudad, tiende el bosque sus pequeñas emboscadas, a la espera del aluvión de una tormenta que tome las calles al asalto y haga rebosar, entre papeles viejos y colillas, estas esperanzas resecas, ocultas en retaguardia.