Gíjón, Asturias
Prohibido caminar. Fue duro al principio, abandonar de pronto tantos millones de años de costumbre. Aunque también es cierto que ya entonces muchos habían superado por completo la necesidad de desplazarse. En cualquier caso las alternativas no se hicieron esperar y enseguida aparecieron artilugios de toda clase, desde ingeniosos juegos de sogas y poleas para el interior de las viviendas hasta las infinitas cintas transportadoras que envolvían como enredaderas la ciudad. De algún modo tenían razón las autoridades: sin los pies en el suelo insospechadas dimensiones del espacio se abrían a nuestra imaginación. Después, siguiendo una cadena lógica impecable, fueron llegando todas las otras prohibiciones, y aunque sé bien que no debería estar escribiendo esto y que te comprometo seriamente al dártelo a leer, quiero que comprendas que del mismo modo que existe una memoria tozuda de los pies, también a veces pienso sin querer y disfruto volviendo a ser culpable de mis actos.



