Un rincón del Barrio Húmedo de León
El laberinto de la ciudad vieja, ese ovillo de tapias y callejones de la villa medieval, encanta y atrapa al visitante en cuanto decide cortar el hilo de Ariadna. En cada bifurcación, una duda; en cada esquina, una promesa. La sorpresa se aplaza y en la plaza se cruzan todos los deseos. Tras resolver múltiples encrucijadas, el tiempo termina por devolvernos a la calle de la que partimos, y en ese momento ya creemos conocer un poco el trazado sin leyes de la medina. La estructura de nuestra mente se acomoda antes al desorden de la selva, con su ancestral maraña protectora, que a la cuadrícula racional de las manzanas. Teseo y Minotauro. No recuerdo en que esquina me escindí. Sentado en una terraza, con una cerveza fría, negra y amarga, espero el inevitable encuentro.


