viernes, 9 de mayo de 2008

El laberinto de la ciudad vieja

Un rincón del Barrio Húmedo de León


El laberinto de la ciudad vieja, ese ovillo de tapias y callejones de la villa medieval, encanta y atrapa al visitante en cuanto decide cortar el hilo de Ariadna. En cada bifurcación, una duda; en cada esquina, una promesa. La sorpresa se aplaza y en la plaza se cruzan todos los deseos. Tras resolver múltiples encrucijadas, el tiempo termina por devolvernos a la calle de la que partimos, y en ese momento ya creemos conocer un poco el trazado sin leyes de la medina. La estructura de nuestra mente se acomoda antes al desorden de la selva, con su ancestral maraña protectora, que a la cuadrícula racional de las manzanas. Teseo y Minotauro. No recuerdo en que esquina me escindí. Sentado en una terraza, con una cerveza fría, negra y amarga, espero el inevitable encuentro.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Sobre el papel


A veces, en mitad de un intervalo de silencio, casi puedo escuchar el runrún de la cadena de montaje que no cesa en el interior de su cabeza. Y cuando veo el chisporroteo de sus ojos, no puedo evitar pensar en la industria siderúrgica. Imagino entonces su mente como un horno alto que necesita ser permanentemente alimentado con hierro y carbón para no resquebrajarse. Y todo lo que ahí se cuece de inmediato se vierte en estado semilíquido sobre los moldes que prestan los dibujos, las palabras, o los simples trazos indistinguibles del arrabio, todavía humeante. En una tira de papel continuo Nicolás va segregando su ser y, como el caracol, lentamente va construyendo su concha con esa secreción.

lunes, 5 de mayo de 2008

Echame una mano

Debajo de la arena duermen los sueños su sueño de siglos. Pero cuando el verano se acerca, algunos de estos sueños, aun sin despertarse del todo, se desperezan. Si nos fijamos un poco veremos de qué materia están hechos: son los despojos del invierno, los exabruptos que el océano vertió, tras una sudorosa pesadilla. Algunos de esos desechos, resistentes al olvido y a la degradación molecular, lograron germinar en el humus estéril de la playa. Brotan ahora nuevas especies a medio camino entre lo animal y lo inorgánico, cuya morfología se adapta fielmente al contramolde de nuestras entrañas. En unas pocas semanas, vendrán los niños con sus palas de colores y recolectarán esta extraña cosecha, la escuálida herencia de nuestros delirios.

viernes, 2 de mayo de 2008

Esto no es una flor


Acudí, como tantas veces, al reclamo de lo que yo tomé por flor, engañado esta vez por la distancia y mi escasa agudeza visual. Solo salí de mi error cuando logré acercarme lo suficiente, y recordemos que nunca es suficiente hasta que no suprimimos por completo el entorno del objeto. Apareció entonces en todo su esplendor la morada del coleóptero esmeralda, insecto que me resulta familiar, aunque de él no solo desconozco su nombre científico, sino también su nombre verdadero. Su cobijo, su nido, su despensa abierta a las brisas de la primavera, provisto de todo lo necesario para una estancia confortable, incluida una terraza con vistas a poniente. Perdí la noción del tiempo observando como el escarabajo se movía por los pasillos con pereza, retrasando el final de cada una de sus tareas cotidianas. Ya de vuelta a casa al final del día, me costó reconocer mi hogar en los arbustos recién podados, tan iguales, tan juntos y tan geométricos que desde lejos asemejan barrios, ciudades incluso. Recordé con añoranza el tiempo anterior a la metamorfosis.

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