martes, 10 de abril de 2018

Todo el silencio



   Mientras camina por esa penumbra de cuarto oscuro que envuelve el amanecer de la ciudad, al fotógrafo se le va revelando la verdad de su búsqueda y cae en la cuenta de que para él la fotografía es ya el único reducto de silencio: la fotografía nace del silencio y en el silencio persiste como en una solución pura y transparente. 

   Descubre que la ciudad y sus habitantes librados al silencio de las fotografías quedan en suspensión igual que partículas detenidas en una atmósfera sin gravedad, sin tiempo. 

   Comprende que el ruido es una de las formas en las que el tiempo se materializa y que, aunque no es posible detener el tiempo, sí lo es insonorizar algunas habitaciones. 

   Observa que en el silencio cada elemento encuentra su sitio: entre la piel del guante y la piel de la mano está el silencio. Como una fina película adhesiva. Una película muda de un solo e infinito fotograma. 

  Comprueba que todas las fotografías juntas, todos los silencios amontonados, forman un ruido ensordecedor: el ruido total equivale a la suma de todos los silencios. Pero tomadas de una en una, cada fotografía encierra el silencio entero. 

  Aprende, en fin, que las fotografías son contenedores de silencio que esperan dentro de las cámaras, acorazadas y a temperatura constante, a ser transportados hasta nosotros. Solo entonces los contenedores son abiertos y el silencio se va arrellanando en nuestro interior, colmando poco a poco el laberinto.



sábado, 24 de marzo de 2018

Gestante




Entre la nieve 

vuelvo a nacer 

con luz ungido, 

pálpito leve 

antes de ser 

carne de olvido.


viernes, 16 de marzo de 2018

Duelo al atardecer



   Se sorprende al verme. No esperaba encontrarme allí, a esa hora de luces inciertas, esa hora que es tan suya, la de ir tomando posiciones, la de ponerle cara a las sombras justo antes de que se desvanezcan. Él, que con los años ha aprendido a disolverse, a no molestar, a pegarse a las paredes, practicando desde el día en que nació hasta convertirse en maestro de la irrelevancia. 

   Comienza a caminar hacia mí con intención oblicua, abriendo un ángulo tal que al acercárseme también se aleja, siempre buscando la tangente. A mi vez voy separándome de él, hasta encontrar un rumbo de ceñida por el que aproximarme. Esa danza tiene algo de combate de púgiles sonados. Un haz de luz barre el cuadrilátero. Sin tocarnos, sin necesidad de hacerlo, nos reconocemos en nuestras disímiles soledades. Mantenemos la distancia con mimo: es el espacio necesario para vernos de cuerpo entero, tal cual somos. 

   Luego hay un punto en el que la propia deriva de nuestras órbitas nos hace perder contacto y salimos despedidos del plano en direcciones opuestas. Desciende el aire azul sobre el promontorio. Observo por el rabillo del ojo cómo guarda la cámara. Oigo cerrarse uno a uno los dientes de la cremallera.

martes, 6 de marzo de 2018

Desde la orilla de tu luz




   Para Socorro Melgarejo, nuestra amada Tecla, del blog La sombra del pájaro, in memoriam. 

     Que el aire, el agua, el fuego y la tierra te acojan con dulzura. 


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