miércoles, 30 de abril de 2014

Génesis

                                                                                                                                                                          

CaixaForum - Madrid

Cuando quisimos darnos cuenta el aire ya se había vuelto espeso, ligado por una mano que lo hacía girar entre los árboles del bulevar con la destreza propia del que ha amasado miles de tormentas. Igual que grumos fuimos arrastrados por la avenida mientras buscábamos un lugar seguro. Reconocimos la forma ancestral del abrigo, de la caverna, en los bajos del edificio donde numerosos grupos de tribus diversas se arremolinaban como si aún no hubieran podido desprenderse por completo del impulso espiral de la tormenta. Justo entonces empezó a descargar sobre las calles y pudimos ver las últimas carreras y apreciar entre otras cosas esa desnudez que a su pesar exhiben las bicicletas aparcadas cuando llueve. Sin fe nos sumamos a la cola interminable de una exposición que jamás veríamos. “Génesis” es tal vez una palabra demasiado grande para unas cuantas fotografías. Pero el caso es que no sé como nombrar ese momento en que dejó de llover y fuimos abandonando el abrigo con el asombro agradecido de los recién llegados al mundo.

miércoles, 23 de abril de 2014

Elevar al cuadrado

                                                                                                                                                                                              Gijón, Asturias

Por algo se empieza, dijimos entonces. Si es que todo es empezar, como el rascarse. Y precisamente porque todo es reflejo y eco y yuxtaposición y el original es el resultado de la suma de sus copias, el fotógrafo continúa su exhaustiva labor de fragmentación, hasta el desmenuzamiento.

sábado, 15 de marzo de 2014

viernes, 7 de marzo de 2014

Página en blanco (II)

 (pincha una imagen para verlas a mayor tamaño)




Centro Niemeyer, Avilés - Asturias

Pero el caso es que, al margen de las programaciones oficiales, son el uso y la costumbre quienes van esculpiendo a su modo las geometrías del vacío: así este espacio se ha ido haciendo poco a poco anchura para patinadoras, longitud para bicicletas, periferia que buscan las parejas recientes y descampado para que los perros campen y retomen su lado salvaje sin calles ni correas. Además las estaciones modulan y alteran sus medidas, su geografía misma: en invierno tiene algo de estepa ártica y si una figura aparece por cualquiera de sus extremos nos invaden a partes iguales el temor y la curiosidad del que ha permanecido mucho tiempo solo. Es también en el invierno cuando, después de extraer el rumor del tráfico cercano, se obtiene un silencio sin aristas, sin ecos, ahuyentados como gaviotas a las que repele tanta blancura delatora. En verano en cambio todo lo que cae en esta planicie de sal se vuelve efervescencia y acaban por fundirse en uno solo todos los colores de las camisetas.
Solo algo permanece igual, siempre: tanto en invierno como un verano hay alguien que deambula con una cámara en la mano. Es el fotógrafo arrebatado por una mirada que fluctúa sin cesar, que va del fondo a la forma y de la forma al fondo: cuando ve este escenario como fondo surge la forma, y cuando encuentra la forma ésta se vuelve fondo. Cae así una vez más en la trampa de la arquitectura que lo fagocita y lo utiliza para multiplicarse y reproducirse y durar más allá de sí misma. Y de paso interpreta su papel en esta obra cuyo guión ya nadie recuerda con exactitud, tal vez porque siempre fue una página en blanco.

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