Domingo de Ramos - Cuenca
Cierto día del año la tradición
prescribe que debemos prestar a las ramas nuestros troncos y dar pie a una
nueva raza de plantas semovientes. Es el día en que es posible salir a la
calle recién coronado de laureles sin haber ganado ningún premio, prolongado de
olivos centenarios a la tierna edad de cinco años o cimbreante de palmas a
pesar de los pesares y los kilos. Ese día luce el sol, siempre. En el momento
de la ceremonia el oficiante ejerce la aspersión sobre las manos que se alzan
hasta alcanzar la altura de las copas. Pero será poco después, a la hora del vermut cuando se alcen las copas a la altura de los labios y solo entonces quedará definitivamente consagrada una nueva primavera.



