De algún lugar que ya no existe (¿de un tiempo mejor, tal vez más propio?) ha de proceder el deseo absurdo de buscar en las carreteras secundarias una cuneta en la que detenerse para abordar ese pensamiento compacto que es un campo de trigo, con la intención a medias confesada de averiguar la trama, desentrañar la pincelada, tocar el tapiz, acariciar, en fin, el lomo levemente erizado de la tierra. Y descubrir cómo esa tostada uniformidad que la lejanía nos propone la trilla ahora la mirada en espigas díscolas, grávidas espigas que fijan como sales de plata la fotografía del paso de un viento sin nombre. Ese deseo absurdo que en parte sacia y en parte aviva la amapola procaz, capaz de convertirlo todo en su pretexto.
viernes, 18 de julio de 2014
viernes, 11 de julio de 2014
Regreso
(Pincha una imagen para verlas a mayor tamaño)
Trazar el viaje de vuelta por una ruta distinta al itinerario de la ida
es una forma de prolongar la ilusión del viaje y de algún modo eludir ese
destino ineludible del regreso. Tomamos entonces la A-231 como el que toma un
comprimido y enseguida empezamos a experimentar sus efectos. La autopista
imprime sobre la inmensidad del paisaje castellano la precisión del resumen:
algo así como una premura por llegar a alguna clase de conclusión acerca de su
geografía no solo física sino quizás también sentimental. Además es una tarde
en la que las tormentas se suceden a nuestro paso con la misma discontinuidad
longitudinal que divide ambos carriles: en el transcurso de una hora anochece y
amanece tantas veces que también el tiempo se ha convertido en una cinta enloquecida
multiplicando por mil la velocidad y las distancias. De entre todo el
instrumental a nuestro alcance acudimos a la cámara fotográfica para tratar de
pausar el vértigo, pero tal vez solo conseguimos añadir ese grado de falsedad
inherente a lo parcial. Todo lo más las fotografías puntúan las frases y
proporcionan al discurso del paisaje un sentido entre muchos posibles. Recupero
hoy alguna de esas fotos, tan recientes todavía, y las ingiero una a una con
todos los elementos que contienen: ahora viajan a través de mi por otra
autopista que se aleja y se pierde entre mínimas tormentas.
martes, 24 de junio de 2014
La esquina doblada (a la memoria de Jan Puerta)
Doblo la esquina de la
calle como el que dobla la esquina de la página de un libro: ciñéndole el borde
para marcar el preciso lugar donde comienza lo desconocido.
(Mientras preparaba y subía esta entrada, el fotógrafo Jan Puerta doblaba su última esquina al otro lado del océano. Dice la noticia que su muerte se produjo por un accidente de tránsito, que viene a ser lo mismo que decir que la muerte le llegó como consecuencia de la vida. Sucedió en la calle, o sea, en su casa, no podía ser de otro modo tratándose de Jan. Nosotros ahora pasamos página, la desdoblamos y seguimos leyendo. Pero la marca, su marca, sigue y seguirá ahí incluso mucho tiempo después de que hayamos cerrado el libro. Hasta siempre, Jan)
miércoles, 4 de junio de 2014
Contemplativa recortable
Gijón, Asturias
Me han contado que no lejos de aquí existe un mundo delimitado y nítido como un recortable, un mundo con un surtido de horizontes ajustados al alcance de la vista. Me han asegurado que su paisaje está blindado por el mismo silencio que preserva el interior de las fotografías. Y según dicen en ese mundo todo guarda entre sí una proporción secreta: un pañuelo usado de papel, la transparencia del aire, el color rojo de unos labios y esa tormenta henchida como un bostezo del océano.
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