martes, 12 de agosto de 2014

Pequeño retablo del tiempo





Si el sentido del equilibrio es el que procura estabilidad dentro de lo móvil, el sentido de la armonía es aquel que percibe la movilidad que habita en lo estable, lo dinámico de lo estático. No es raro entonces que el centro del equilibrio se encuentre en lo más profundo del laberinto del oído y la armonía en cambio carezca de centro pues ella opera con lo periférico y es su producto. Supongo que por eso, mientras el equilibrio encarna en el fiel de la balanza y solo a sí mismo se es fiel, la armonía por su parte adopta mil y una formas que cambian con el tiempo y sus infinitas geografías.
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Es la hora de la misa vespertina en El Roncal. A la puerta de su iglesia, que presta el equilibrio de la piedra sobre la piedra alzada, se improvisa un pequeño retablo del tiempo, una oración dirigida al escurridizo dios de la armonía.

viernes, 1 de agosto de 2014

Reanimación

                                                                                                                                                       Puerto de Larrau - Pirineo navarro

Creías que nunca acabaría la tormenta, que la montaña, paciente, se nos quedaría entre las manos en mitad de aquella devastadora cirugía. Pero he aquí que al otro lado de la cordillera todo ha terminado y lentamente alguien va despegando la venda de la piel del paisaje, vuelto en si. Y abrimos con cuidado los ojos para no hacernos daño.


sábado, 26 de julio de 2014

Salvando las distancias

                                                                                                                        Uztárroz - Navarra

El vacío no es más que cierta clase de superficie cuya estructura se acomoda al impulso. Por eso él, que lo sabe sin haberlo aprendido, solo necesita una brevísima extensión del espinazo para abrir y cerrar ese paréntesis que llamamos salto. Pero para mí, que no estoy para tales florituras, este salto se convierte sobre todo en un salto en el tiempo: 2014-1958: a Pérez-Siquier se le mueve el gato de la foto y desde entonces siguen ahí las miradas prendidas, pendientes del gesto, de ese instante en el que somos uno con el aire.

viernes, 18 de julio de 2014

De algún lugar que ya no existe



     De algún lugar que ya no existe (¿de un tiempo mejor, tal vez más propio?) ha de proceder el deseo absurdo de buscar en las carreteras secundarias una cuneta en la que detenerse para abordar ese pensamiento compacto que es un campo de trigo, con la intención a medias confesada de averiguar la trama, desentrañar la pincelada, tocar el tapiz, acariciar, en fin, el lomo levemente erizado de la tierra. Y descubrir cómo esa tostada uniformidad que la lejanía nos propone la trilla ahora la mirada en espigas díscolas, grávidas espigas que fijan como sales de plata la fotografía del paso de un viento sin nombre. Ese deseo absurdo que en parte sacia y en parte aviva la amapola procaz, capaz de convertirlo todo en su pretexto.


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