sábado, 25 de octubre de 2014
domingo, 19 de octubre de 2014
Trayectorias
Aix-en-Provence, Francia
Llego tarde a Aix-en-Provence, a esa hora en que las sombras pintan de azul la ciudad vieja, esa hora no fijada en la que con exactitud ferroviaria se vacían las calles y se llenan las plazas. Llego tarde, sin duda, con las tiendas cerradas y las visitas pospuestas para un día en el que ya no estaré aquí. Y sin embargo, algo me dice que este es el retraso exacto, la impuntualidad que me libera de todo lo proyectado y me revela la cara más libre de la ciudad, el plano donde todas las trayectorias se toman de la mano. Llego tarde a Aix-en Provence y le hago la promesa de regresar más puntual, de dedicarle toda la atención que se merece, de que volveré para quedarme. Nos tomamos las cervezas en una plaza donde todo el mundo es joven y hermoso y en esta hora incierta nos creemos felices todas las mentiras.
viernes, 10 de octubre de 2014
El tiempo portátil
Marsella
¿Te imaginas un tiempo portátil, un tiempo que pudieras derrochar o atesorar a discreción? Sería un artefacto extraño sin duda, una especie de clepsidra con torniquete. Y necesitarías todo el tiempo del mundo para aprender a manejarlo adecuadamente.
viernes, 3 de octubre de 2014
Encuentros en Arlés
Arlés, Francia
Cada verano desde hace 45 años se celebra en una pequeña ciudad del sur de Francia uno de los festivales de fotografía más importantes del mundo: los "Encuentros de Arlés”. Uno supone que una actividad tan duradera y persistente habrá tenido que dejar por fuerza algún tipo de marca en la ciudad, una especie de buen rollo fotográfico que ha de respirarse en sus calles, en sus escaparates, en la forma de mirar y dejarse mirar de sus habitantes, en su manera de sentarse, de sonreír… Nada más llegar te encuentras con que prácticamente todas las exposiciones son de pago, y esto supone ya, para qué negarlo, un cierto desencuentro.
No decae sin embargo tu ánimo por ese ínfimo detalle y buscas entonces las huellas de Van Gogh, quien pasó en Arlés una etapa breve pero intensa de su no menos breve e intensa vida. Puede ser que de tanto buscar tales huellas y de tanto caminar sobre ellas hayan terminado por borrarse. O puede ser también que para dar con Van Gogh sea indispensable desligarse de toda huella.
El caso es que entre desencuentro y desencuentro has ido tejiendo toda una ruta de olvidos y sin pretenderlo has vuelto a doblar una misma esquina varias veces, hasta llegar al punto en que ya reconoces una calleja y un rostro como lugares familiares: es el momento del reencuentro, y justo ahí se vuelve posible la fotografía.
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