Mirador de El Sitio - NazaréNo pensábamos llegar tan lejos, pero al final nos decidimos.
Era lunes, pero allí resultó ser día festivo.
Había mujeres mayores que vestían como hace cien años, pero alquilaban habitaciones en varios idiomas y llevaban prendida la autorización municipal.
Las calles del barrio pescador estaban trazadas en cuadrículas perfectas, pero aún así logramos perdernos sin esfuerzo.
Buscamos la calle que condujera a la plaza del pueblo, pero la calle era un vagón que ascendía por raíles un acantilado.
En la plaza había una banda de música, pero jugaban un partido de fútbol a chaqueta quitada en medio de gran expectación.
Entramos en la iglesia suponiéndole el silencio y algo de frescor, pero encontramos oraciones dichas en voz alta y el calor que desprendían tantas heridas invisibles.
La banda de música empezó a tocar, pero tocaba rithm & blues a una velocidad del demonio y los lugareños escuchaban inmóviles y atentos, con el máximo respeto.
Nos dimos un baño en las frías aguas del Atlántico, pero eran cálidas y tranquilas como las de un mar interior.
Ya con la noche bien entrada nos fuimos de Nazaré, pero no del todo.
Era lunes, pero allí resultó ser día festivo.
Había mujeres mayores que vestían como hace cien años, pero alquilaban habitaciones en varios idiomas y llevaban prendida la autorización municipal.
Las calles del barrio pescador estaban trazadas en cuadrículas perfectas, pero aún así logramos perdernos sin esfuerzo.
Buscamos la calle que condujera a la plaza del pueblo, pero la calle era un vagón que ascendía por raíles un acantilado.
En la plaza había una banda de música, pero jugaban un partido de fútbol a chaqueta quitada en medio de gran expectación.
Entramos en la iglesia suponiéndole el silencio y algo de frescor, pero encontramos oraciones dichas en voz alta y el calor que desprendían tantas heridas invisibles.
La banda de música empezó a tocar, pero tocaba rithm & blues a una velocidad del demonio y los lugareños escuchaban inmóviles y atentos, con el máximo respeto.
Nos dimos un baño en las frías aguas del Atlántico, pero eran cálidas y tranquilas como las de un mar interior.
Ya con la noche bien entrada nos fuimos de Nazaré, pero no del todo.


