Hoy dictan sus últimas palabras las chimeneas de mi infancia. Expertos operarios cierran en estos momentos los ojos a los hornos. Con las alas cortadas los dragones agonizan. En vano espero ver retorcerse una vez más las bocanadas de vapor nublando el cielo.
Son las mismas altas torres que mi padre señalaba –yo aún caminaba de su mano- mientras nombraba uno por uno los talleres: baterías, hornos altos, convertidor, sínter, laminación..., el mítico escenario donde Hefesto y sus Dáctilos templaban la chapa de los Seat. Todo, el aliento acre que nos hacía llorar, las ávidas cenizas que nos daban de comer, también eso se detiene para siempre. Los recuerdos se convierten en vestigios. Y yo debo alegrarme porque han vuelto las nutrias a la ría.
Discutiremos largamente si hemos de proteger ese patrimonio del olvido para que grupos de escolares vengan en el futuro a visitar esbeltos jardines de hojalata. Pero yo sé que en otro lugar estas mismas chimeneas seguirán borrando el cielo, que el veneno siempre encuentra quien lo apure y que mi antiguo paisaje encuentra ya otros niños en los que anidar. Son ellos, niños de piel oscura o amarilla, los que guardarán a partir de ahora mis recuerdos.
Son las mismas altas torres que mi padre señalaba –yo aún caminaba de su mano- mientras nombraba uno por uno los talleres: baterías, hornos altos, convertidor, sínter, laminación..., el mítico escenario donde Hefesto y sus Dáctilos templaban la chapa de los Seat. Todo, el aliento acre que nos hacía llorar, las ávidas cenizas que nos daban de comer, también eso se detiene para siempre. Los recuerdos se convierten en vestigios. Y yo debo alegrarme porque han vuelto las nutrias a la ría.
Discutiremos largamente si hemos de proteger ese patrimonio del olvido para que grupos de escolares vengan en el futuro a visitar esbeltos jardines de hojalata. Pero yo sé que en otro lugar estas mismas chimeneas seguirán borrando el cielo, que el veneno siempre encuentra quien lo apure y que mi antiguo paisaje encuentra ya otros niños en los que anidar. Son ellos, niños de piel oscura o amarilla, los que guardarán a partir de ahora mis recuerdos.



