miércoles, 9 de diciembre de 2020

Al este del edén

 

   Ahora que a fuerza de estudio y aplicación he alcanzado el honor de ser académico de la lengua innumerable de tus ojos, ahora que he logrado descifrar de tus párpados el morse y distingo ya en el temblor de tus pupilas los dobles sentidos y algunas frases hechas, ahora que he de fiarlo todo más que nunca a un guiño sutil, mírame y déjame ver. Tal vez el paraíso se encuentre justamente al este del edén.



miércoles, 2 de diciembre de 2020

Los zapatos del fotógrafo

 

   Cuántas veces dentro de los zapatos del fotógrafo hay un pintor que está deseando descalzarse y desplegar el caballete. 

    Si fuera posible pintar sin dejar de caminar yo sería ese pintor y mandaría la cámara a hacer puñetas para siempre.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Frutos del aire



        Como una baba fría, así se nos va pegando a la piel el fermento de la niebla en este crudo amanecer, mientras alzamos el rostro en busca de algún atisbo de azul. Con cadencia casi militar los preparativos se suceden: extender la tela, tensar los cables, comprobar los mosquetones, encender el quemador. Con las primeras llamaradas un perro ladra dos veces y calla, olfateante. Nosotros, primerizos, damos vueltas en torno al artilugio sin encontrar la distancia adecuada entre el anhelo y la prudencia. 

        A un gesto del piloto nos apretujamos en el interior de la cesta. Soltamos amarras. Un mundo plano de piscinas y tejados rojos se despliega. El perro ladra de nuevo, como un recuerdo que se desvanece. La niebla nos pone entonces un pañuelo de seda delante de los ojos y antes de que podamos llevarnos las manos a la cara, lo vuelve a retirar: emergemos empapados de luz y de horizontes. Abajo queda el biombo del ilusionista. Arriba, esta burbuja de quietud en la que comprimimos el aliento. Como si ese manto de nubes fuera un humus germinal, todo parece estar naciendo en este instante de sierras y valles que se abren en todas direcciones. Aferrados al tallo de las habichuelas mágicas, somos parte del sueño de un gigante dormido. 

        Entre tantos rumbos posibles, pregunto cómo podemos dirigir el artefacto hacia algún destino en particular. No podemos, contesta el piloto, mientras comprueba la presión del propano en las botellas. Solo subir o bajar en busca de alguna corriente, aclara. Por eso uno sabe de dónde despega pero nunca dónde aterrizará. Lo que no parece preocuparle en absoluto. Mientras podamos mantener la diferencia térmica, continúa, seguiremos volando. Después trataremos de encontrar un claro que nos acoja. No hacemos más preguntas. Se abren las primeras grietas en la superficie del frío. El gigante se despereza. A nuestros pies buscamos algún atisbo de verde o de ocre. Un perro vuelve a ladrar, al otro lado de las nubes.

martes, 2 de junio de 2020

Luzimiento


(Pincha en la imagen para verla a mayor tamaño)

   Primero realiza aquí y allá algunas incisiones. Después, con la delicadeza de quien ama lo que hace y con la determinación del que conoce bien su oficio, introduce los dedos y profundiza en las oquedades hasta alcanzar el último de los intersticios. El saúco, el mirlo, la zarza, el avellano, el rosal, la tórtola, la piedra en la corriente, la rama quebrada, la tela de araña, la araña, el cadáver de la mosca, cada gota que el rocío dejó sobre las afiladas hojas de los lirios. Una a una las extrae y las dispone limpia y separadamente sobre la mesa de disección, donde por un instante lucen como objetos en venta o como palabras en un diccionario, para después volver a introducirlas y encajarlas con un leve giro de muñeca. El fotógrafo se limita a seguir sus indicaciones. Tráeme aquello, sujétame esto. Obedece ciegamente. En realidad no lo necesita, pero se ha acostumbrado a él. De vez en cuando le arroja algún despojo: el fotógrafo lo atrapa de un salto y echa a correr. Resulta tan gracioso. A solas continúa su labor. Trabaja de sol a sol. Tiene todo el día por delante.


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